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    �   3.1  LA MEDICION DE LA POBREZA SEGUN EL METODO DE INGRESO:  �
    �                   NOTAS PARA DISCUSION                        �
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                          Juan Carlos Feres
        Comisi줻 Econ줺ica para Am굍ica Latina y el Caribe (CEPAL)
                          Santiago, Chile

     
    I. INTRODUCCION

    En Am굍ica Latina se utilizan preferentemente  dos  aproximaciones
    metodol줳icas para la medici줻 y caracterizaci줻 de la pobreza: el
    llamado  췱굏odo  del ingreso� o de las 췯죒eas de pobreza� (LP) y
    el m굏odo directo de los indicadores sociales, cuya modalidad  m쟳
    difundida  en  los 즠timos a쨚s han sido los denominados 췱apas de
    necesidades b쟳icas insatisfechas� (NBI).

    Como se sabe, ambos  m굏odos  responden  a  enfoques  conceptuales
    diferentes,  al  punto  que  췲o  constituyen, en realidad, formas
    alternativas de medir la misma  cosa,  sino  que  representan  dos
    concepciones distintas de la pobreza� (Sen, 1981). Estos se basan,
    en  un  caso,  en  la  noci줻  de  capacidad  para  satisfacer las
    necesidades esenciales y, en el otro -el m굏odo  directo-,  en  la
    observaci줻  del  consumo  real  de  las  personas  con relaci줻 a
    determinadas convenciones sobre necesidades m죒imas. Sin  embargo,
    los  dos  revisten gran inter굎 y contribuyen significativamente a
    las tareas de diagn쥀tico de la pobreza.

    La fuente principal de informaci줻 de los mapas  de  NBI  son  los
    censos  de poblaci줻 y vivienda, en tanto que las estimaciones por
    LP se elaboran sobre la base de las encuestas  de  hogares.  A  su
    vez,  cada  uno  de  ellos  cuenta  naturalmente  con  un  esquema
    metodol줳ico  y  una  cierta  matriz  operacional. No obstante, su
    aplicaci줻 concreta suele discurrir por variantes que  no  siempre
    se  explican  del todo, por las consabidas limitaciones en materia
    de informaci줻.  Esto  lleva  a  que  con  alguna  frecuencia  los
    resultados  que  arrojan  diversos  estudios, que utilizan aparen-
    temente el mismo m굏odo y las mismas fuentes de datos, en especial
    aquellos  realizados  con  el  enfoque  de  la  LP, difieran en la
    magnitud de la pobreza estimada (a veces en medida  considerable),
    como  tambi굈  en  cuanto a las caracter죛ticas de los hogares que
    son clasificados como pobres, con  el  evidente  desconcierto  que
    ello  provoca entre los analistas y la opini줻 p즒lica en general.
    Tales discrepancias inciden en  la  credibilidad  y  confiabilidad
    t괹nica  de  estas  mediciones, ponen en cuesti줻 las evaluaciones
    que se realizan del nivel y evoluci줻 de la pobreza, y  dificultan
    las comparaciones internacionales.

    Los  esfuerzos  por  superar  este problema pasan, obviamente, por
    cuidar en cada investigaci줻 la transparencia  y  acuciosidad  con
    que se explicitan los conceptos, criterios y supuestos utilizados,
    as�  como  las  fuentes  de  informaci줻 y el tratamiento a que se
    someten los datos, de manera de hacer posible un riguroso examen e
    interpretaci줻 de sus resultados.

    Pero  ello  no  basta. Se requiere, al mismo tiempo, generar entre
    los investigadores un mayor consenso en cuanto a los  procedimien-
    tos  que  se  aplican  en  las  diferentes  etapas  del proceso de
    estimaci줻, a fin de encaminarse hacia un padr줻  com즢  capaz  de
    elevar  la  consistencia   y  homogeneidad  de  las  mediciones  y
    garantizar  una  efectiva comparabilidad de las mismas. Lo cual se
    complementa, desde luego, con la necesidad de seguir profundizando
    en   lo   que   respecta  a  la  verdadera  utilidad,  alcances  y
    limitaciones de la informaci줻 que surge de la aplicaci줻 de estos
    m굏odos, en funci줻 de los requerimientos para el  an쟫isis  y  la
    toma de decisiones en el campo social (vg. diagn쥀tico, definici줻
    de grupos focales y dise쨚, seguimiento y evaluaci줻 de impacto de
    las  pol죜icas  y  programas  orientados  a  la  superaci줻  de la
    pobreza). Aunque esto forma parte de un debate ya  tradicional  en
    Am굍ica  Latina y bastante se ha avanzado al respecto, creemos que
    es posible ampliar todav죂 m쟳 el  espacio  de  operacionalizaci줻
    com즢  de  conceptos  y m굏odos; esto, sin perjuicio de que por su
    naturaleza y complejidad haya que admitir siempre un cierto  grado
    de diversidad en esta materia, e incluso se estime aconsejable que
    as� sea.

    En esta nota se rese쨅n y discuten brevemente algunos aspectos del
    m굏odo de LP, de car쟠ter exclusivamente metodol줳ico, que inciden
    en la identificaci줻 de los hogares pobres y en el c쟫culo  de  la
    extensi줻 de la pobreza, y que pueden ser 즨iles a este prop쥀ito.
    Su  relevancia  ya  ha  sido  puesta  de  manifiesto  en  la vasta
    literatura que sobre el particular se ha generado en la regi줻  en
    los  즠timos  a쨚s,  por  lo  que  debieran  merecer  una especial
    consideraci줻 en las investigaciones futuras sobre el tema.


    II. REFERENCIAS AL METODO DEL INGRESO

    Centraremos  los  comentarios  en  torno  a  siete  elementos: las
    diferencias que se establecen en el costo de la canasta b쟳ica  de
    alimentos;  el  procedimiento  de  c쟫culo  del   valor   de   los
    satisfactores  no  alimentarios; el uso de medidas de equivalencia
    para los hogares de diferente tama쨚 y composici줻; la  evaluaci줻
    de  confiabilidad  de  la  medici줻  del  ingreso  corriente;  los
    problemas  asociados  a la ampliaci줻 de la cobertura del concepto
    de  ingreso;  las  medidas  de  pobreza,  y,  finalmente,  algunos
    alcances  sobre  las fuentes de informaci줻 que se emplean en este
    tipo de estudios.

    Por  lo  tanto,  no  se  abordan en esta oportunidad los elementos
    relativos a la dimensi줻 propiamente  conceptual  del  m굏odo  del
    ingreso,  lo  que  no  implica  desconocer que 굎ta representa una
    materia de  la  mayor  importancia  y  que,  en  ocasiones,  puede
    constituir  una  fuerte  condicionante de las opciones en el plano
    metodol줳ico.

    1. Canasta b쟳ica de alimentos (CBA)

    Aun   aplicando  la  misma  metodolog죂  para  la  construcci줻  y
    valoraci줻 de la canasta b쟳ica de alimentos, es habitual  que  se
    establezcan  costos  distintos  de CBA, debido a diferencias en la
    informaci줻 y en los criterios y procedimientos que  se  utilizan.
    Esto  lleva a considerar que en los estudios de pobreza se trabaje
    m쟳 bien con un intervalo de valores y no con un valor 즢ico.

    La  determinaci줻 del valor de la CBA, representativo del costo de
    satisfacci줻 de las necesidades  b쟳icas  de  alimentaci줻  en  un
    momento y lugar determinados, comporta un proceso de varias etapas
    que demanda el uso de gran cantidad  de  informaci줻.  En  Am굍ica
    Latina  esto  se  ha  asumido principalmente en el marco de lo que
    podr죂 se쨅larse como los lineamientos de la CEPAL: definici줻  de
    canastas  cuyo  nivel  y  composici줻  satisfagan  las necesidades
    nutricionales y reflejen los h쟟itos de consumo prevalecientes  en
    la  sociedad  (ajuste  a  las  preferencias  del  consumidor),  en
    concordancia con la oferta interna de productos alimentarios y sus
    precios relativos Para su valoraci줻 se utilizan,  en  tanto,  los
    precios  de  cada art죅ulo recolectados para el c쟫culo del 죒dice
    de precios al consumidor (IPC) (CEPAL, 1991).

    Pese a que en la regi줻 esta metodolog죂 goza  de  una  aplicaci줻
    relativamente  generalizada,  y  que la misma detalla los procedi-
    mientos que ordenan las diferentes fases de  la  estimaci줻,  cada
    ejercicio  concreto  se  enfrenta  a situaciones particulares, por
    insuficiencias de la informaci줻  u  otras  razones,  que  inciden
    finalmente  en el costo de la canasta b쟳ica de alimentos. De modo
    que resulta casi inevitable arribar a valores diferentes, no  s줹o
    entre  distintos  investigadores sino incluso en el contexto de un
    mismo estudio, en correspondencia con los caminos alternativos que
    se  sigan  en  cuanto  a criterios, supuestos y tratamiento de los
    datos de base. A su vez, valores distintos de  la  CBA,  conocidos
    tambi굈  como  l죒eas  de indigencia (LI) o de pobreza extrema, se
    traducen directamente en diferencias en la extensi줻 de la pobreza
    estimada.

    El  problema  es  todav죂  m쟳  agudo  en aquellos casos en que la
    informaci줻  con  que  se  cuenta  es  manifiestamente   d괷il   o
    incompleta,  como  suele ocurrir en algunas 쟲eas urbanas y en las
    쟲eas rurales de nuestros pa죛es, lo  que  obliga  a  conducir  el
    an쟫isis apoyado en meras hip쥁esis o apreciaciones conjeturales.

    Ahora bien, no obstante estar conscientes de ello, por lo  general
    tendemos  a trabajar, impl죅ita o expl죅itamente, bajo el supuesto
    de que el costo de la CBA representa un  valor  puntual,  de  alta
    precisi줻.  Y  lo  mismo hacemos luego, por ende, con el valor del
    죒dice de pobreza.

    En  atenci줻 a esta variabilidad (1),  pareciera   m쟳   razonable
    establecer  este  costo  en funci줻 de un intervalo y no adoptarlo
    necesariamente como un valor espec죉ico.  La  contrapartida  obvia
    es  que  esto  dificulta  un  tanto  los  an쟫isis respecto de los
    cambios que experimenta la pobreza en el tiempo, sobre todo cuando
    son de magnitud m쟳 bien peque쨅, pero el beneficio es  una  mayor
    coherencia  con  el  grado  de  exactitud con que efectivamente se
    obtienen  estas  estimaciones.   Puesto  as�,  el  problema  ser죂
    entonces c줺o determinar la amplitud del citado intervalo.

    La  tarea  es,  sin  duda, eminentemente emp죚ica. Dejando de lado
    los aspectos netamente estad죛ticos, los  m죒imos  y  m쟸imos  del
    intervalo  debieran ser la resultante de la sensibilidad del costo
    de la CBA a valores alternativos -dentro de rangos razonables-  de
    ciertos  par쟭etros  relevantes  que intervienen en su estimaci줻.
    Entre esos factores de mayor incidencia  cabe  mencionar  aquellos
    que  guardan  relaci줻 con los requerimientos nutricionales de los
    diferentes grupos seg즢  sexo,  edad  y  actividad,  dado  que  la
    canasta  se ajusta a las necesidades promedios de la poblaci줻; la
    estructura de consumo impl죅ita en la CBA y la cantidad f죛ica  de
    cada producto que la compone, y los precios a los cuales se valora
    dicha canasta.

    Entre  otros, es posible identificar -en el primer caso- elementos
    tales como la talla, y por consiguiente el peso, de  las  personas
    adultas,  necesarios  para calcular la" tasa de metabolismo basal"
    (energ죂) o el requerimiento prote죒ico; la  distribuci줻  horaria
    dedicada  a  las  diferentes  actividades  predominantes (ligeras,
    moderadas y pesadas), especialmente entre la poblaci줻  adulta,  y
    los  gastos  energ굏icos brutos correspondientes a cada actividad.
    En el segundo, sobre la estructura de consumo, est쟮 los  aspectos
    relativos  a la selecci줻 del grupo de referencia para evaluar los
    h쟟itos de la poblaci줻; el tratamiento  del  consumo  췧uera  del
    hogar�  (modalidad  de   adquisici줻  de  los  alimentos),  y  los
    supuestos relativos a la  evoluci줻  de  los  patrones  de  gasto,
    cuando  no  se dispone de encuestas recientes sobre el particular.
    Y, por 즠timo, respecto de los precios, la selecci줻  de  aquellos
    que  se  estimen pertinentes para valorar la CBA (medios, m죒imos,
    los  que  pagan  los  sectores  pobres,  etc.);  diferencias entre
    regiones o 쟲eas, a  falta  de  informaci줻  detallada,  e  죒dice
    v쟫ido  para  la  actualizaci줻  del  valor  de la canasta (IPC de
    alimentos, IPC de los pobres, o precios por producto).

    Diversos estudios de la CEPAL y de otros autores (2) han  simulado
    el efecto de algunos de estos factores. Por ejemplo, hay  an쟫isis
    de sensibilidad de las necesidades promedios de energ죂 de toda la
    poblaci줻 ante variaciones en sus  elementos  determinantes.  As�,
    cambios  en  la  talla de la poblaci줻 adulta de m쟳 o menos 2 cm,
    inciden en variaciones -positivas o negativas- de las  necesidades
    cal줿icas que llegan a lo sumo a 22 Kcal/d죂 por persona (menos de
    1%  del  requerimiento total). Distintas hip쥁esis sobre distribu-
    ci줻  horaria  dedicada a las diferentes actividades predominantes
    afectan, por su parte, en no m쟳 de 26 Kcal/d죂 por persona. Y  el
    impacto  de  diferentes  valores  de los gastos energ굏icos brutos
    correspondientes a cada actividad se mueve entre -1.2% y +0.7%(3).
    Del mismo modo, en ciertos pa죛es y en determinados per죓dos,  las
    diferencias en el costo de la CBA derivadas de utilizar uno u otro
    죒dice de precios para actualizar su valor, han resultado  m죒imas
    o de poca significaci줻.

    No  obstante,  la  evidencia  de que se dispone es a즢 muy insufi-
    ciente y no siempre aporta  resultados  concluyentes.  Adem쟳,  se
    requieren  esfuerzos  adicionales para alcanzar un cierto grado de
    formalizaci줻, que permita establecer algo as� como el efecto neto
    del conjunto de factores que inciden en la variabilidad del  valor
    de la canasta b쟳ica de alimentos.  Esta es, por tanto, una de las
    쟲eas en que se debe seguir trabajando.

    2. Gastos no alimentarios

    La estructura del gasto var죂, entre otros  factores,  en  funci줻
    del tama쨚 y la composici줻 del hogar y de las etapas del ciclo de
    vida familiar.  De  modo  que,  m쟳  que  aplicar  un  coeficiente
    (promedio)  de  gasto  en  bienes  no  alimentarios para todos los
    hogares de un grupo pertinente de ingresos, debiera tenderse hacia
    췼n juego de coeficientes�. Asimismo,  cuando  no  se  dispone  de
    datos  recientes  sobre  la  distribuci줻 del gasto, dichos coefi-
    cientes debieran actualizarse al menos de acuerdo a  la  evoluci줻
    de los precios relativos entre los alimentos y los dem쟳 productos
    de consumo.

    En el marco del m굏odo de LP, la manera habitual de determinar  el
    costo  de  satisfacci줻  de  las necesidades no alimentarias es de
    tipo normativo.  Se basa en la relaci줻 observada entre los gastos
    en  alimentaci줻  y  los gastos totales de consumo (coeficiente de
    Engel) en los distintos  estratos  de  hogares,  especialmente  en
    aquellos que pertenecen al denominado grupo de referencia (hogares
    cuyo  gasto  en  alimentos  es ligeramente superior al presupuesto
    b쟳ico establecido) (4).

    Al  respecto  se  han  destacado  a  lo  menos  dos  implicaciones
    conceptuales. En primer lugar, que  lo  anterior  supone  que  los
    hogares   que  logran  cubrir  adecuadamente  sus  necesidades  de
    alimentaci줻, satisfacen al mismo tiempo los est쟮dares m죒imos de
    las otras necesidades b쟳icas (5). En segundo lugar, que el  hecho
    de  que el dato registrado en las encuestas corresponda exclusiva-
    mente al gasto en consumo privado implica  que  una  parte  de  la
    satisfacci줻  de las necesidades b쟳icas no queda reflejada en esa
    pauta de consumo, en la medida que los hogares acceden a bienes  y
    servicios  subsidiados  total o parcialmente por el Estado (CEPAL,
    1990) (6).

    Sin  embargo,  lo que queremos resaltar ac� es un asunto distinto.
    Admitido el coeficiente de Engel como norma a partir  de  la  cual
    se  establece el costo de los satisfactores no alimentarios, surge
    el problema de las diferencias en el  valor  de  este  coeficiente
    entre  los  distintos tipos de hogares de un estrato de referencia
    (7).  Diferencias  que tienen que ver principalmente con el tama쨚
    y la composici줻 del hogar, y con las etapas del ciclo de vida por
    las que 굎te atraviesa.

    Un ejemplo de ello lo encontramos en los resultados  del  an쟫isis
    efectuado  por  Feres  y  Le줻 (1987), a partir de los datos de la
    encuesta de ingresos  y  gastos  de  Colombia  de  1984-1985,  que
    ilustran  acerca  de  las diferencias que existen en la estructura
    del gasto no alimentario, en sus principales rubros, entre hogares
    de similar nivel de ingreso pero  de  distinta  composici줻.  As�,
    para  el  conjunto  de  hogares  de  Bogot�,  Cali  y Medell죒 que
    conformaban el 2�. cuartil de  gasto  per  c쟰ita,  se  observaron
    diferencias  en  la  proporci줻  del gasto destinado a transporte,
    educaci줻, salud y vivienda. Respecto de  este  즠timo  죜em,  los
    hogares constituidos por parejas j쥃enes, sin hijos, destinaban en
    promedio cerca de un 20% del gasto a vivienda, en tanto que en los
    hogares  de  parejas  de mayor edad con dos hijos dicho porcentaje
    era de un 15%.  Las diferencias que se observaron en la proporci줻
    del gasto en alimentaci줻 fueron a즢 mayores.

    De modo que el hecho de que el costo de atender las necesidades no
    alimentarias  var죇  a  lo  largo  de las etapas del ciclo de vida
    familiar, seg즢 el tama쨚 y la composici줻 del hogar, as� como  en
    funci줻  de  otros  factores  tales como la cuant죂 del patrimonio
    acumulado y el grado de acceso a servicios  p즒licos,  amerita  un
    cierto  an쟫isis  pormenorizado  de  estos cap죜ulos del gasto, el
    cual  podr죂  derivar  -al  igual  que  para  la  alimentaci줻- en
    eventuales   coeficientes  espec죉icos  para  distintos  tipos  de
    hogares.

    Sin  embargo,  este  es  un  aspecto  que debiera tambi굈 tener su
    expresi줻  en  el  쟭bito  de  las denominadas 췦scalas de equiva-
    lencias� que se analizan en el punto siguiente, y a lo mejor  es a
    trav굎  de  ellas que debieran recogerse completamente los efectos
    relativos a las diferencias de composici줻 y de las  econom죂s  de
    escala  de  los  hogares, impl죅itas en el perfil de sus gastos de
    consumo. Por otra parte, en virtud de la baja periodicidad con que
    se realizan las encuestas de presupuestos familiares, es necesario
    contar con alg즢 criterio que permita 췢ctualizar�  la  estructura
    de  gastos  de los hogares. En ausencia de otra informaci줻, y sin
    recurrir a sofisticados c쟫culos de elasticidad,  una  v죂  dispo-
    nible  parece  ser  el  tomar en consideraci줻 la evoluci줻 de los
    precios de los diferentes cap죜ulos del gasto y ponderar,  en cada
    momento,  el  coeficiente original por la diferencial de cambio en
    los precios relativos. La experiencia de los 즠timos  a쨚s  en  la
    mayor죂  de  los  pa죛es de la regi줻 en cuanto, por ejemplo, a la
    disparidad con que se han modificado los  precios  de  los  bienes
    transables  y  no  transables,  o  las  tarifas  de  los servicios
    p즒licos versus precios de los alimentos, justifican con creces un
    procedimiento de este tipo.

    Un asunto distinto (y que no veremos ac�) es, por cierto, el  c줺o
    determinar  los  coeficientes de gasto en alimentaci줻 en aquellas
    쟲eas de las cuales no se  tiene  ninguna  clase  de  informaci줻,
    situaci줻  en  que se encuentra gran parte de las zonas rurales de
    Am굍ica Latina.

    3. Medidas de equivalencia

    El  uso  de  valores  expresados  per  c쟰ita  es  necesario, pero
    claramente insuficiente. Las  importantes  diferencias  entre  los
    hogares en determinados atributos claves, hace aconsejable evaluar
    sus  necesidades  y  sus  recursos en unidades de equivalencia. No
    obstante,  se  est�  lejos  de  disponer de buenas medidas en este
    sentido.

    En  los  estudios  de pobreza se utilizan normalmente las unidades
    per c쟰ita para expresar tanto los valores de las l죒eas como  los
    recursos  de  que dispone el hogar para satisfacer sus necesidades
    b쟳icas. Con ello se da cuenta  del  hecho  de  que  el  nivel  de
    bienestar  depende  estrechamente  del  n즡ero  de  miembros de la
    familia. Sin embargo, como ya  se  dijo,  en  rigor  la  l죒ea  de
    pobreza  -o  el ingreso- debiera reconocer adem쟳 las econom죂s de
    escala asociadas a diferentes tama쨚s de hogar, los efectos de  la
    particular  composici줻  de  sus  integrantes  (sexo,  edad u otra
    caracter죛tica relevante), as� como la estructura de  consumo  que
    acompa쨅  a  las  distintas  fases  o  etapas  del  ciclo  de vida
    familiar. El conjunto de estos elementos es  lo  que  tendr죂  que
    resumirse  en  las denominadas 췦scalas de equivalencia� entre los
    hogares (8).

    La  utilizaci줻  o  no  de  este  tipo  de escalas en los diversos
    estudios redunda en discrepancias en sus resultados,  no  s줹o  en
    cuanto a la extensi줻 de la pobreza sino, especialmente, en lo que
    respecta a la identificaci줻 de los hogares pobres.  Como ejemplo,
    baste  se쨅lar  que muchos hogares de ingresos medios pero de gran
    tama쨚 (y por ende con fuerte presencia de ni쨚s), podr죂n cambiar
    su clasificaci줻 de pobres a no pobres si se tomara en cuenta  las
    equivalencias que les son aplicables.

    Con  todo,  debe  reconocerse  que  estas escalas son dif죅iles de
    obtener y, aun cuando existen  algunas  propuestas  concretas,  se
    considera  que  hasta  ahora son muy parciales e imperfectas. Tres
    son los m굏odos principales que se utilizan para obtenerlas:

    a)   Encuestas  de  valoraci줻  de  las  necesidades  individuales
         (introduce elementos subjetivos);
    b)   Investigaci줻 emp죚ica del comportamiento del  gasto  de  los
         hogares  (usando   alg즢  indicador  de  bienestar,  como  el
         coeficiente  de  Engel,  para  hogares  de diferente tama쨚 y
         composici줻), y
    c)   Estudios de base nutricional (y psicol줳ica).

    Naturalmente,  los distintos m굏odos conducen a resultados tambi굈
    distintos.

    Para  ilustrar  la  gran  disparidad  que se puede producir a este
    respecto, a continuaci줻 se presentan cuatro  escalas  actualmente
    en uso en diferentes pa죛es:

      Escala de Amsterdam (usada en los estudios de gastos de consumo
       en el Reino Unido):

                                  Hombre      Mujer

       18 a쨚s y m쟳              1.00        0.90
       14 - 17 a쨚s               0.98        0.90
       < 14 a쨚s                  0.52        0.52

                                  OECD 1/     OECD
                                  modificada 2/

       Primer adulto              1.0     1.0
       Persona adicional > 14     0.7     0.5
       Persona adicional < 14     0.5     0.3

       1/ Arbitraria, pero m쟳 realista que el per c쟰ita.
       2/ Compromiso entre la de la Organizaci줻 de Cooperaci줻 y
          Desarrollo Econ줺icos (OECD) y la escala subjetiva.

      Escala subjetiva:

       Primer adulto            1.000
       Segunda persona          0.232
       Tercera persona          0.159
       Cuarta persona           0.126
       Quinta persona           0.105
       Sexta persona            0.091

    Como se advierte, unas y otras pueden llegar a ser muy diferentes,
    al  punto  de  alterar  significativamente  los  resultados que se
    obtengan en un estudio de  pobreza.  De  modo  que  tampoco  basta
    aplicar  una  escala  (frente  a  no  hacerlo),  sino  que  es muy
    importante conocerla espec죉icamente, y evaluar sus antecedentes y
    razonabilidad.

    Un  criterio  utilizado en Am굍ica Latina para elaborar escalas de
    equivalencia pero v쟫ido tan solo a nivel del consumo alimentario,
    es  aquel  que  se  deriva  de las necesidades energ굏icas de cada
    individuo (CEPAL, 1991). Con su aplicaci줻  es  posible  tomar  en
    cuenta las necesidades diferentes de alimentaci줻 de los distintos
    miembros del hogar, pero no incorpora expl죅itamente las  posibles
    econom죂s  de  escala en el consumo de alimentos. Con mayor raz줻,
    no se puede considerar este criterio  como  base  suficiente  para
    extrapolarlo  al  conjunto  de  los  gastos  de  consumo. De todas
    maneras,   su   utilidad  es  indudable  en  el  죜em  de  consumo
    alimentario, por lo que en el  cuadro  siguiente  se  presenta  un
    ejemplo  de este tipo de escala, a partir de los requerimientos de
    una  persona  de  31  a  60  a쨚s de edad, de sexo masculino y con
    actividad moderada.

      Escala a base de las necesidades energ굏icas (Per�)

       Categor죂s sociodemogr쟣icas         Hombres    Mujeres

       Menores de 1 a쨚                     0.274       0.253
       1 a 3 a쨚s                           0.502       0.469
       4 a 6 a쨚s                           0.651       0.587
       7 a 9 a쨚s                           0.748       0.660
       10 a 13 a쨚s                         0.825       0.728
       14 a 17 a쨚s                         0.990       0.774
       18 a 30 a쨚s
          Actividad ligera                  0.883       0.701
          Actividad moderada                0.994       0.722
          Actividad pesada                  1.143       0.761
       31 a 60 a쨚s
          Actividad ligera                  0.888       0.725
          Actividad moderada                1.000       0.747
          Actividad pesada                  1.150       0.787
       Mayores de 60 a쨚s
          Actividad ligera                  0.729       0.659
          Actividad moderada                0.821       0.679
          Actividad pesada                  0.944       0.715

       Fuente: CEPAL, 1988.

    En  consecuencia,  pese  a  reconocer  la  imperiosa  necesidad de
    incorporar este elemento en la  metodolog죂  de  los  estudios  de
    pobreza,  es  poco  a즢  lo  que  se puede proponer s줹idamente al
    respecto. Constituye, por lo tanto, otro tema que  debiera  formar
    parte  de la agenda de investigaci줻 metodol줳ica en este campo de
    los pa죛es de la regi줻.

    4. Confiabilidad de la medici줻 del ingreso

    Evaluar  la  calidad de las mediciones de ingreso de las encuestas
    de hogares es una tarea central en las estimaciones de pobreza por
    LP. Junto con avanzar hacia una mayor cobertura y precisi줻 de los
    datos  primarios,  es  posible  mejorar a즢 m쟳 los procedimientos
    para la correcci줻 y ajuste de esos ingresos.

    Entre  los  m즠tiples  aspectos  que  investigan  las encuestas de
    hogares, no cabe duda que uno de los m쟳 controversiales es el  de
    la  calidad  de  las  mediciones  de  las  distintas corrientes de
    ingresos que reciben las personas y las familias. Existe un amplio
    consenso  en  que ellas adolecen de sesgos generalmente subestima-
    tivos, aun cuando tal consenso no siempre se extienda a la  manera
    en  que  ellos se determinan y a la magnitud de los mismos. En los
    estudios de pobreza, que representan  un  corte  normativo  en  la
    distribuci줻  del  ingreso, es imprescindible hacer un intento por
    evaluar  estos  sesgos  y  corregirlos.  De lo contrario, ellos se
    reflejan autom쟴icamente en la extensi줻 de la pobreza estimada.

    Pese a que las encuestas m쟳 frecuentemente utilizadas para  estos
    fines  forman  parte  -en  casi  todos  los pa죛es- de un programa
    regular y de ejecuci줻 permanente, con sus contenidos  y  procesos
    altamente estandarizados,  no  hay  antecedentes  suficientes  que
    avalen  la tesis de una relativa estabilidad de estos sesgos en la
    sucesivas rondas de la encuesta (9). Por el contrario,  en  muchos
    casos  la  evidencia que se ha podido generar tiende a contradecir
    -y a veces abiertamente- la idea de un posible "congelamiento"  de
    tales sesgos. No queda otra alternativa, por tanto, que evaluar en
    cada  encuesta  la  confiabilidad  de  la  medici줻  del ingreso y
    procurar la correcci줻 de los m쟲genes de subestimaci줻.
 
    Los  sesgos pueden ser de distinto tipo. Algunos se relacionan con
    el  c쟲acter  muestral  de  la  investigaci줻  (insufiencia o mala
    calidad del marco  muestral,  problemas  de  cobertura,  rechazos,
    variabilidad estad죛tica, etc.), en tanto que otros se derivan m쟳
    bien de determinadas contingencias de errores ajenos  al  muestreo
    (Altamir,  1975). Los primeros se suponen manejados en el marco de
    cada encuesta, y son generalmente evaluados por el responsable  de
    la  misma; los segundos, en cambio, constituyen sobre todo errores
    de respuesta que suelen ser m쟳 dif죅iles de detectar, no  siempre
    son  completamente imputables al responder y su correcci줻 resulta
    compleja. Adem쟳, estos 즠timos representan  usualmente  la  mayor
    proporci줻 dentro del error total de estimaci줻.

    Para nuestros prop쥀itos interesan especialmente los problemas  de
    no  respuesta,  de  cobertura  incompleta  del concepto de ingreso
    investigado, y de subdeclaraci줻.

    La falta de respuesta a determinadas preguntas  de  ingreso  puede
    llegar   a  ser  significativa  en  una  encuesta,  al  punto  que
    distorcione los resultados y abulte artificialmente los 죒dices de
    pobreza  (y  particularmente  los de indigencia) 10. Es necesario,
    por ende, efectuar las imputaciones correspondientes, de acuerdo a
    los  atributos  de cada receptor que no declar�. Esto es perfecta-
    mente posible en la mayor죂 de los  casos  y  la  propia  encuesta
    aporta  informaci줻  para  ello, utilizando como base los ingresos
    reportados por las personas u hogares de similares caracter죛ticas
    (11).

    Un  criterio alternativo es obviamente excluir de la muestra, para
    todo lo relacionado con las variables de ingreso, a  aquellos  que
    no  reportan  su  valor. Si lo anterior se acompa쨅 de los ajustes
    muestrales pertinentes (reemplazos o cambios en  los  factores  de
    expansi줻)  no  hay  problema;  pero,  de no ser as�, alterar죂 la
    representatividad de la encuesta, o bien obligar죂 a ampararse  en
    el  supuesto  de  que  las  personas que se excluyen de la muestra
    tienen   la  misma  distribuci줻  y  caracter죛ticas  de  las  que
    permanecen en ella, lo que constituye un supuesto  fuerte  que  al
    menos  requiere  del respaldo de investigaciones de campo, que por
    lo general no se realizan en Am굍ica Latina.

    Completar  el  concepto  de  ingreso investigado en las encuestas,
    para compatibilizarlo  con  el  ingreso  corriente  total  de  los
    hogares,  tambi굈  opera  por  el mecanismo de la imputaci줻. Pero
    este caso es distinto al anterior; no s줹o se requiere identificar
    a   los   probables  perceptores  de  cada  clase  de  ingreso  no
    investigado, sino adem쟳 generar una estimaci줻 del monto global o
    promedio de esos ingresos a partir de datos de una fuente  ex줳ena
    a  la encuesta que, como se ver�, est� constituida por las cuentas
    nacionales. Asimismo, se debe contar  con  algunos  criterios  que
    permitan  distribuir  esos  ingresos  entre los perceptores. En la
    pr쟠tica, lo que  se  verifica  es  que  a  veces  se  dispone  de
    informaci줻 en la encuesta como para identificar a esos receptores
    y  distribuir  los  ingresos,  y  otras  s줹o es posible hacer una
    asignaci줻 gruesa y muy  conjetural.  Sin  embargo,  aun  en  esta
    situaci줻  es  claramente  preferible  realizar  las correcciones,
    minimizando as� el riesgo de sobreestimar los 죒dices de pobreza.

    Por  su  parte,  el an쟫isis de confiabilidad de los ingresos y la
    evaluaci줻 de los  probables  sesgos  de  subdeclaraci줻,  tambi굈
    requieren  de  un patr줻 de referencia cuantitativo, independiente
    de la encuesta misma, que  provea  estimaciones  de  los  diversos
    tipos  de  ingreso de los receptores y sirva de punto de contraste
    sobre bases comparables. Este papel se le asigna normalmente a las
    cuentas nacionales.

    Hasta ahora la mayor죂 de los pa죛es de Am굍ica Latina no  elabora
    regularmente  la  cuenta  de  ingresos y gastos de los hogares del
    sistema de cuentas nacionales (SCN), o no lo hace con el grado  de
    desagregaci줻  deseado.  A  su  vez,  son  de  sobra conocidas las
    cr죜icas que se formulan a la precisi줻  y  confiabilidad  de  las
    propias  cuentas nacionales, lo que podr죂 poner en tela de juicio
    su  utilizaci줻  como  marco  de  referencia   para   evaluar  las
    encuestas.  No  obstante,  es  indiscutible que se trata del 즢ico
    sistema  estad죛tico  que  ofrece una evaluaci줻 y conciliaci줻 en
    detalle de los datos provenientes  de  m즠tiples  fuentes,  en  el
    contexto   de  un  marco  conceptual  coherente  y  de  aplicaci줻
    sistem쟴ica.

    De all� que el punto sea m쟳 bien c줺o mejorar progresivamente  la
    disponibilidad, calidad, nivel de desagregaci줻 y rigor conceptual
    de  la  cuenta de los hogares, y no limitarse solamente a impugnar
    su validez. En esta l죒ea se podr죂n inscribir,  por  ejemplo, los
    esfuerzos  de  la  CEPAL  por incentivar a los pa죛es a que asuman
    esta tarea, colaborando en el desarrollo  metodol줳ico  e  incluso
    aportando sus propias estimaciones.
     
    El  siguiente  paso es definir los criterios y procedimientos para
    llevar a cabo el ajuste de  los  ingresos  de  la  encuesta  (12).
    Partiendo  de  la  base  de que la magnitud de la subestimaci줻 de
    cada tipo de ingreso viene dada  por  su  diferencia  respecto  al
    monto  de  similar corriente registrado en las cuentas nacionales,
    un primer problema que enfrentar  es  el  de  la  conciliaci줻  de
    conceptos  entre ambas fuentes. Como elementos relevantes, en este
    sentido, podr죂mos mencionar:

    a)  Remuneraciones de los empleados

        De  acuerdo  al  procedimiento,  las  encuestas investigan los
        ingresos del trabajo, y en particular  las  remuneraciones  de
        los  empleados, generalmente como ingreso l죘uido; vale decir,
        lo que efectivamente recibe el trabajador luego de  efectuados
        los  descuentos  legales.  Por  su  parte, en la cuenta de los
        hogares se consignan las remuneraciones brutas, de manera  que
        la  equivalencia  conceptual  con  la  medici줻 de la encuesta
        exige  deducir  de  estas  즠timas  las  contribuciones  a  la
        seguridad   social  (remuneraciones  netas)  y  los  impuestos
        directos.

        Esto es posible en base a la informaci줻 sobre el valor de las
        contribuciones al sistema de seguridad social;  las  referidas
        al  r괾imen  tradicional  (de reparto) se individualizan entre
        los gastos de los hogares, y las del r괾imen de capitalizaci줻
        individual (de existir) deben estimarse como partidas informa-
        tivas de la cuenta (13).

    b)  Excedente de explotaci줻
     
        Se  debe  excluir  del  excedente  de  explotaci줻  aquel  que
        corresponde  al  sector  de  propiedad  de vivienda (arriendos
        efectivos e imputados), el que a su vez debiera ser objeto  de
        un  tratamiento separado en lo que se refiere a su comparaci줻
        con la encuesta.

        De  esta  forma, el excedente de explotaci줻 neto, excluido el
        del sector de propiedad de vivienda y deducidos los  impuestos
        directos,  se  asimila  al concepto de ingreso primario de los
        trabajadores  independientes,  cuya  medici줻  es  la  que  se
        procura en las encuestas.

     c) Impuestos directos

        A las remuneraciones netas de los empleados registradas en  la
        cuenta  de  los  hogares  es necesario todav죂 descontarle los
        impuestos directos, a efectos de hacerlas congruentes  con  el
        concepto de remuneraciones l죘uidas presumiblemente captado en
        las  encuestas.  Asimismo,  debe hacerse lo propio respecto de
        las  ganancias,  debido  a  que  el  concepto contable tambi굈
        incluye tales impuestos.

        Para ello se requiere desglosar los impuestos directos pagados
        por  los  hogares,  y  registrados  en la cuenta, de manera de
        asociarlos (enteramente) a cada una de  estas  dos  fuentes de
        ingreso.  Con  ese  prop쥀ito  es  necesario  sistematizar  la
        informaci줻   disponible   en   cada   oportunidad  sobre  los
        diferentes tipos de impuesto, a fin de estimar  el  respectivo
        valor  pagado  por  los  sueldos y salarios y, por diferencia,
        deducir el correspondiente a las ganancias.

    d)  Arriendos imputados y arriendos efectivos

        En  cada  uno  de los a쨚s para los que se estime la cuenta de
        los hogares, se debe incluir un conjunto de partidas  informa-
        tivas.  Entre  ellas  cabe contemplar los alquileres imputados
        por el uso de la vivienda propia o cedida, y la identificaci줻
        de aquella parte  del  excedente  de  explotaci줻  del  sector
        propiedad de vivienda que corresponde a arriendos imputados.

        Estos datos permiten, naturalmente, disponer del valor de  los
        arriendos  imputados  y  adem쟳  calcular  el de los arriendos
        efectivos, y hacer los mencionados  ajustes  al  excedente  de
        explotaci줻  para  hacer  compatible  su  comparaci줻  con  el
        concepto   de  ganancia  de  los  trabajadores  independientes
        captado en las encuestas.

        i) Arriendos imputados

        Como  se desprende de lo anterior, entre estas partidas infor-
        mativas se debe incluir  tanto  la  producci줻  bruta  de  los
        arriendos  imputados  como  su  correspondiente valor agregado
        (excedente de  explotaci줻).  La  diferencia  entre  ambos  se
        explica  por  los  costos  de  producci줻, que en este caso se
        relacionan   b쟳icamente  con  los  gastos  de   reparaciones,
        contribuciones de bienes ra죅es, consumo de  capital  fijo,  y
        gastos comunes (14).

        Ahora bien, aun cuando trat쟮dose del ingreso  de  los hogares
        corresponder죂  estrictamente  hacer  la  comparaci줻  con los
        arriendos  imputados  de  la  encuesta seg즢 el nivel de valor
        agregado, es razonable suponer que en la pr쟠tica los  hogares
        entrevistados  responden  en  funci줻  de lo que ellos estiman
        podr죂 ser el valor de arriendo de su vivienda en el  caso  de
        que  ella  debiera  contratarse  en el mercado. De modo que el
        monto que reportan se aproxima m쟳 al  concepto  de  valor  de
        producci줻  que  de  valor  agregado,  debido  a  que es dable
        presumir que los hogares no descuentan ninguno de  los  죜emes
        de  costo  se쨅lados  anteriormente.  M쟳  a즢,  tampoco ser죂
        posible   calcular   estos   costos  en  base  a  alguna  otra
        informaci줻 registrada en la encuesta.

        De  all�  entonces  que,  para  esta  corriente  de ingreso no
        monetario, la comparaci줻 entre las magnitudes  del  marco  de
        referencia  y  las  de  la  encuesta se establezca normalmente
        seg즢 el  valor total de los arriendos  imputados.  Esto,  sin
        perjuicio  de  que en el curso de esa comparaci줻 se presenten
        adem쟳  otros  problemas,  a los cuales haremos referencia m쟳
        adelante.

        ii)  Arriendos efectivos

        De  acuerdo a la informaci줻 disponible en las partidas infor-
        mativas,  굎tos  se  obtienen  como  la  diferencia  entre  el
        excedente de explotaci줻 del sector propiedad  de  vivienda  y
        aquel que corresponde a los arriendos imputados.

        Cuando  en  las  encuestas  se  investiga  separadamente  esta
        corriente  de  ingreso,   queda  abierta  la   posibilidad  de
        contrastar directamente la medici줻 que de ella efect즑n ambas
        fuentes de informaci줻.

    e)  Prestaciones del nuevo sistema de seguridad social

        El  valor de las prestaciones que reciben los hogares de parte
        de los nuevos sistemas  de  seguridad  social  (capitalizaci줻
        individual)  en  aquellos pa죛es en que han sido implementados
        -incluido entre las  partidas  informativas-,  se  contabiliza
        conjuntamente  con  el  valor  de las prestaciones del r괾imen
        antiguo de seguridad social que se registra en  la  cuenta  de
        los hogares. Esto responde a la necesidad de hacer equivalente
        el  concepto  del  marco de referencia con aquel efectivamente
        reportado en las encuestas.

        Cabe  se쨅lar  que  el  hecho  de que las prestaciones de este
        r괾imen no figuren entre los ingresos de la cuenta, obedece  a
        que  contablemente  los aportes al nuevo sistema se consideran
        como una transacci줻 financiera  (ahorro),  de  modo  que  las
        prestaciones  se  asimilan  a  un  retiro  de fondos propios o
        desahorro. No obstante, en el contexto de la evaluaci줻 de los
        recursos disponibles del hogar, y dada la modalidad que asumen
        normalmente estos retiros, parece m쟳 l줳ico sujetarlos  a  la
        consideraci줻 de ingreso corriente.

        De cualquier manera, es del caso recordar que 굎te es  uno  de
        los  tipos  de  ingreso  que  para  los  efectos del ajuste se
        contabiliza en t굍minos netos, en la medida  que  las  cotiza-
        ciones  son simult쟮eamente deducidas de las remuneraciones de
        los empleados.
 
        Un  tratamiento  algo  distinto  es  el  que  se  aplica a las
        transacciones con las instituciones privadas de  salud  previ-
        sional  -en  los  casos  en  que existen-, en la medida que se
        asimilan  a  las  compaㄱas  de  seguros.   Contablemente  sus
        prestaciones  se  registran  en  el  rubro  de  ingreso de los
        hogares bajo el 죜em de indemnizaci줻 del seguro  de  riesgos,
        al  tiempo  que  las cotizaciones de los empleados se incluyen
        como primas netas por seguro de riesgos y,  una  parte  menor,
        como  gasto  de  consumo  final, en virtud de que se considera
        pago por servicio (costo  administrativo  y  ganancia  de  las
        instituciones).  De  all�  que,  en  funci줻 del ajuste de los
        ingresos de la encuesta, el valor de este tipo de prestaciones
        se  compute  tambi굈 en t굍minos netos, dentro del conjunto de
        partidas que constituyen las transferencias corrientes.

    f)  Ajuste al concepto de ingreso disponible

        Un  punto  que puede suscitar debate es si los ingresos de los
        hogares medidos en la encuesta  debieran  compatibilizarse,  a
        nivel  global,  con  el  concepto de ingreso disponible de las
        cuentas   nacionales,  o  si  determinadas  partidas  debieran
        considerarse  estrictamente en t굍minos de ingreso 췣ruto�. En
        otras palabras, si a algunas corrientes de ingreso registradas
        en la cuenta de los hogares debiera  descont쟲seles  o  no  su
        contrapartida  de  gasto  en  que  incurren los hogares por el
        mismo concepto.
     
        En  concreto,  esto  afectar죂  a  corrientes  tales  como los
        ingresos  de  capital  en  efectivo  (rentas  de  la propiedad
        recibidas menos intereses y otras rentas pagadas), los seguros
        de  riesgos  (indemnizaciones  recibidas  menos  primas  netas
        pagadas)  y las transferencias corrientes (recibidas menos las
        efectuadas).

        Al  respecto,  en  los  trabajos  de la CEPAL se ha optado por
        operar estas variables sin descontar los  respectivos  gastos,
        en  atenci줻 a que las encuestas apuntan a captar -en el mejor
        de los casos- el ingreso bruto correspondiente, y  de  ninguna
        manera  se  puede presumir que, pese a ello, los entrevistados
        reporten dichos ingresos en t굍minos netos.

        Sobre  este particular cabe tener presente tres circunstancias
        adicionales: la primera, de orden estrictamente  pr쟠tico,  es
        que  el conjunto de estas corrientes de ingreso representa una
        proporci줻 muy baja del ingreso total de los hogares, de  modo
        que  cualquiera  sea  el criterio que se adopte tiene muy poca
        incidencia en el resultado final; la segunda, en tanto, es m쟳
        conceptual, y se refiere al  hecho  de  que  lo  que  interesa
        evaluar  en  la  perspectiva  de los estudios de pobreza es la
        magnitud  de  los  recursos  de  que  dispone  el  hogar,  con
        prescindencia del destino  de  esos  recursos,  cuesti줻  esta
        즠tima  que desde un punto de vista normativo -y especialmente
        para el caso de los hogares pobres- queda comprendida  en  las
        consideraciones  propias  de  la determinaci줻 del valor de la
        l죒ea de pobreza (o sea, de los gastos requeridos para  cubrir
        las necesidades b쟳icas), y, finalmente, que de acuerdo  a  la
        t괹nica  aplicada para corregir espec죉icamente la subdeclara-
        ci줻  de  los  ingresos  de capital medidos por las encuestas,
        donde s줹o se imputan  al  quintil  de  mayores  ingresos,  el
        criterio alternativo se reflejar죂 cuando m쟳 en una leve baja
        de  la  concentraci줻  del  ingreso, pero casi no afectar죂 la
        medici줻 de la pobreza.

    Lo  anteriormente  descrito permite ilustrar acerca de los avances
    metodol줳icos alcanzados en materia de evaluaci줻 y correcci줻  de
    los  sesgos  que afectan a la medici줻 de ingreso que realizan las
    encuestas de hogares. Pero, al mismo tiempo, advierte  respecto  a
    la necesidad de seguir progresando en la calidad de estos  ajustes
    (15),  conjuntamente  con  mejorar la confiabilidad de la informa-
    ci줻, tanto de las encuestas como de las cuentas nacionales.

    5. Ampliaci줻 de la cobertura del concepto de ingreso

    Una  parte  del  consumo,  especialmente  de los sectores de bajos
    ingresos, proviene de transferencias del Estado, que no se  captan
    dentro  de los gastos privados que investigan las encuestas. Estas
    debieran incorporar los instrumentos que permitan  registrar  este
    tipo de informaci줻.

    Como ya se mencion�, el hecho de que el  dato  registrado  en  las
    encuestas  de  hogares  corresponda  exclusivamente  al  gasto  en
    consumo  privado  implica  que una parte de la satisfacci줻 de las
    necesidades b쟳icas no queda reflejada en esa pauta de consumo, en
    la medida que los hogares acceden a determinadas transferencias en
    forma  de  bienes y servicios subsidiados total o parcialmente por
    el Estado.

    En  el  contexto de la metodolog죂 de LP no existen, en principio,
    grandes dificultades conceptuales  para  ampliar  el  concepto  de
    ingreso  corriente  total  de los hogares hacia uno que incluya el
    acceso efectivo a esos servicios p즒licos gratuitos o subsidiados.
    Ello, por cuanto lo que involucra este 즠timo punto no es si la LP
    resultante  incorpora  o  no  dichos bienes y servicios, ya que su
    consideraci줻 expl죅ita muy probablemente  disminuir죂  el  coefi-
    ciente  de  Engel  (aumentando,  por  ende,  la LP) con un aumento
    proporcional correlativo en el ingreso de los hogares.  Veamos  un
    ejemplo simple de un hogar cuyos ingresos se sit즑n al nivel de la
    l죒ea de pobreza:
          
    Gasto en alimentos (G.A.)              = 100/200 = 0.5 (2.0)
    G.A. + Otros gastos privados
  
    Gasto en alimentos                     = 100/250 = 0.4 (2.5)
    Gasto total privado + Bienes P즒licos

          Ingreso 200 <=> Ingreso 250
          
    De lo anterior se deduce que el problema m쟳 bien  estriba  en  la
    variabilidad  de  acceso  de los hogares -entre ellos y a lo largo
    del tiempo- a los bienes y servicios p즒licos o, por contraste, en
    la validez del supuesto  sobre  una  relativa  estabilidad  en  la
    cuant죂  y  distribuci줻  de  los  bienes  p즒licos; de lo cual se
    concluye que los hogares toman sus decisiones de gasto con arreglo
    al sistema institucional vigente, y en consecuencia el coeficiente
    de  Engel es adecuado para estimar el costo global del conjunto de
    las necesidades.

    Sin embargo, la situaci줻 es distinta en el  plano  emp죚ico.  Las
    encuestas  no  proveen informacion suficiente sobre el particular.
    En muy pocos casos (como la encuesta CASEN de Chile, por  ejemplo)
    se  identifica  a  los  hogares  y   personas   beneficiados   con
    transferencias  monetarias fiscales y se les consulta  acerca  del
    monto  de  esas  prestaciones,  o  bien se registra la informaci줻
    suficiente  como  para   realizar  la  correspondiente  imputaci줻
    (apoyada con datos de costo, externos a la encuesta). Desde luego,
    en  cuanto  a  las transferencias no monetarias el problema es a즢
    mayor.

    El  desaf죓  en  esta  쟲ea lo constituye el dise쨅r y llevar a la
    pr쟠tica los instrumentos adecuados para levantar la informaci줻 a
    nivel de cada hogar, conjuntamente con asegurar  su  periodicidad.
    Lo  que  trae  consigo  el  beneficio  adicional  de  aportar  los
    antecedentes  necesarios  para   ampliar   el   an쟫isis   de  las
    condiciones  de  vida  y  realizar  el seguimiento y evaluaci줻 de
    determinados programas sociales.

    6. Medidas de pobreza

    La  estratificaci줻  de  la  poblaci줻  de  acuerdo a criterios de
    pobreza, abre la posibilidad de elaborar informaci줻 e indicadores
    de  gran  utilidad  para  el  conocimiento  del  fen줺eno  y de su
    evoluci줻.

    La mayor죂 de los estudios de pobreza que se elaboran  en  Am굍ica
    Latina presentan, normalmente, resultados relativos a la identifi-
    caci줻  y  cuantificaci줻  de  los  hogares  pobres.  Vale  decir,
    proporcionan informaci줻  acerca  de  la  incidencia  de  pobreza,
    desagregada por unidades geogr쟣icas o grupos socioecon줺icos. Son
    m쟳  escasos,  sin  embargo, aquellos que cubren otras dimensiones
    del problema, tales como las brechas o 췥euda�  de  pobreza  y  la
    severidad de la pobreza (qu� tan pobres son los pobres). Asimismo,
    no es del todo usual que se divulguen antecedentes sobre el perfil
    o  caracter죛ticas  de  los hogares pobres, particularmente 즨iles
    para las tareas de diagn쥀tico y dise쨚 de pol죜icas.

    Se  han  propuesto  un  gran  n즡ero  de medidas de la pobreza que
    permiten   enriquecer  las  posibilidades   anal죜icas   de  estos
    estudios. Entre ellas est쟮 las que dan cuenta de la insuficiencia
    de ingreso de los pobres,  de  la  magnitud  del  esfuerzo  social
    requerido  para  superar  la pobreza o, por la v죂 de la descompo-
    sici줻 estad죛tica de los 죒dices, de la contribuci줻 de distintos
    factores a la evoluci줻 de la incidencia agregada de pobreza.

    Desde un punto de vista formal, cada una de estas medidas presenta
    ventajas y limitaciones. Sen (1976) se쨅l� dos axiomas principales
    que  deb죂n  cumplir,  como condiciones, los 죒dices de pobreza, a
    saber:

    a)  Axioma  de  monotonicidad.  Una  reducci줻 en el ingreso de un
        hogar pobre (ceteris paribus) debiera incrementar el 죒dice de
        pobreza.

    b)  Axioma de transferencia. Una transferencia de ingresos  de  un
        hogar  pobre   a  otro  m쟳  rico  (ceteris  paribus)  debiera
        incrementar el 죒dice de pobreza.

    No todos los 죒dices conocidos satisfacen  estas  condiciones.  Es
    claro,  por ejemplo, que la medida de incidencia de pobreza (H) no
    tiene ninguna de estas  dos  propiedades,  en  tanto  que  las  de
    brechas  de pobreza satisfacen el axioma de monotonicidad, pero no
    as� el de transferencia.  En atenci줻 a ello, el mismo Sen propuso
    un 죒dice que supera estas limitaciones:

          P(s) = H [ I + (1 - I) G ]

    donde: H = incidencia de pobreza
    I =  brecha de ingreso (deuda media de pobreza en porcentaje
         -respecto a la l죒ea de pobreza)
    G =  coeficiente  de  Gini de la distribuci줻 del ingreso de
         los pobres.

    Como se advierte, en este 죒dice la incorporaci줻 del  coeficiente
    de  Gini soluciona el problema de que se mantengan inalteradas las
    medidas H e I cuando se producen transferencias de  ingreso  entre
    los pobres. A su vez, 0 < P(s) < 1 .

    De all� se deduce que:

    P(s) = H * I si todos los pobres tienen el mismo ingreso.
    P(s) = 0   si todas las personas tienen un ingreso mayor que la
               l죒ea de pobreza, y
    P(s) = 1   si todas las personas tienen un ingreso igual a cero.

    Por  su parte, Foster, Greer y Thorbecke (1984) tambi굈 formularon
    un 죒dice de pobreza, incorporado en  una  familia  de  죒dices  a
    partir  de  diferentes  valores  del par쟭etro 츫� (que representa
    algo  as�  como  el grado de aversi줻 a la pobreza por parte de la
    sociedad).  Cuando  �=0,  el  죒dice  es  igual a la incidencia de
    pobreza (H); con �=1, es igual a la brecha de pobreza (H * I),  en
    tanto  que  cuando �=2, el 죒dice representa la distancia media de
    ingreso  de  los  pobres,  al  cuadrado, en relaci줻 a la l죒ea de
    pobreza (FGT). As�:

                    q           2
    P(FGT) =  (1/n) S [(z-y )/z]
                   i=1     i

    donde: n = poblaci줻 total
           q = total de pobres
           z = l죒ea de pobreza, e
           y = ingreso del i-굎imo individuo pobre
            i

    Este   죒dice   cumple   con   los  axiomas   de  monotonicidad  y
    transferencia  y,  adem쟳,  satisface  la  propiedad aditiva (y de
    descomposici줻).  Sin embargo, su  interpretaci줻  -en  cuanto  al
    significado en s� y de sus cambios- no resulta del todo clara.

    Los ejemplos anteriores persiguen  tan  s줹o  llamar  la  atenci줻
    respecto  a  la  posibilidad  e  importancia  de  complementar  el
    an쟫isis  tradicional sobre la magnitud y evoluci줻 de la pobreza,
    mediante la incorporaci줻  de  medidas  y  perfiles  que  permitan
    enriquecer el diagn쥀tico y conocimiento acerca de la situaci줻 de
    los sectores pobres.  Desde  luego,  siempre  en  el  marco de las
    limitaciones que impone la naturaleza muestral de la informaci줻 y
    la  confiabilidad  de  los  datos de ingreso que corrientemente se
    utilizan en este tipo de estudios.

    7. Las fuentes de informaci줻

    El  mejoramiento  de  la  calidad,  cobertura  y pertinencia de la
    informaci줻  que generan las encuestas de hogares, se reitera -por
    muchos  motivos-  como un tema crucial.  Paralelamente, se debiera
    avanzar en cada pa죛 hacia la conformaci줻 de un sistema integrado
    de encuestas e indicadores sociales.

    Finalmente, algunos comentarios de orden general sobre las fuentes
    de informaci줻 que se utilizan como base para  la  elaboraci줻  de
    los  estudios  de pobreza por el m굏odo de LP, espec죉icamente las
    encuestas de hogares.

    Para  nuestros fines es pertinente distinguir al menos tres clases
    de encuestas de hogares que  se  llevan  a  cabo  regularmente  en
    Am굍ica   Latina,   y  cuya  informaci줻  permite  el  c쟫culo  de
    indicadores sociales y de pobreza.

    En  primer  lugar  est쟮  las  encuestas  de hogares de prop쥀itos
    m즠tiples, incorporadas en un programa permanente o  de  ejecuci줻
    peri줰ica.  Por este tipo de encuestas se entiende aquellas que se
    realizan a lo menos una vez al a쨚, cuyo m줰ulo central se orienta
    generalmente a la medici줻 del empleo  y  que,  al  mismo  tiempo,
    registran   informaci줻   sobre   un   conjunto   m쟳   amplio  de
    caracter죛ticas  de  las  personas  (demogr쟣icas,  de  migraci줻,
    educaci줻 e ingresos) y de sus viviendas.  Asimismo, la mayor죂 de
    ellas  incluye  en  algunas  de  sus  rondas  m줰ulos  especiales,
    adosados al cuestionario principal de  la  encuesta,  los  que  de
    hecho  han  pasado a constituir un interesante expediente -de bajo
    costo- que se adapta bien a las necesidades de investigaci줻 y  de
    profundizaci줻  de  ciertos  temas  (trabajo femenino, educaci줻 y
    capacitaci줻, acceso a servicios de salud, etc.).

    Un  segundo  tipo de  encuestas,  que  se realizan de manera menos
    frecuente y  con  periodicidad  variable,  son  las  encuestas  de
    ingresos y gastos o de presupuestos familiares.  Tambi굈  se trata
    de  investigaciones muestrales que aportan antecedentes muy 즨iles
    para el examen de  la  situaci줻  social.  Normalmente  contienen,
    adem쟳  de  ciertos  atributos  generales de las personas y de las
    viviendas, un registro detallado del ingreso y del  gasto  de  las
    familias,  a  partir de lo cual se definen las canastas b쟳icas de
    alimentos cuyo valor se utiliza en la estimaci줻 de las l죒eas  de
    pobreza.  A  su  vez,  efect즑n  un  control  (estad죛tico)  de la
    estacionalidad del ingreso y de los gastos, en la  medida  que  se
    entrevista a distintos hogares habitualmente a lo largo de todo un
    a쨚.  Esto  redunda  en  una  calidad  relativamente  buena  de la
    informaci줻, a lo  que  tambi굈  contribuyen  los  instrumentos  y
    procedimientos  de  captaci줻,  los m굏odos de evaluaci줻 (balance
    ingreso/gasto y chequeos en lugares de compra) y la selecci줻  del
    entrevistado  (en muchos casos, informante directo). Adem쟳, estas
    encuestas suelen integrarse en el marco conceptual de las  cuentas
    nacionales,  especialmente  en  lo que respecta a la estructura de
    consumo de los hogares, y  su  tem쟴ica  hace  posible  -en  alg즢
    grado-  el  estudio  del  comportamiento  de los gastos de consumo
    frente   al  impacto  de  determinadas  pol죜icas   econ줺icas  de
    coyuntura.  Contra  el  buen  logro de este objetivo conspira, sin
    embargo, el car쟠ter sumamente espor쟡ico de estas investigaciones
    (debido,  entre  otros,  a su alto costo), su cobertura geogr쟣ica
    generalmente  subnacional,  su  alta  complejidad y el que, por lo
    mismo, sea dif죅il contar con muestras tipo 췴anel�. Asimismo,  su
    gran  extensi줻  dificulta  la posibilidad de profundizar en temas
    como la educaci줻 y la vivienda, o bien incorporar otros, como  el
    acceso  a  los servicios de salud o la recepci줻 de transferencias
    no monetarias del Estado.

    Por 즠timo, cabe mencionar las encuestas preparadas  especialmente
    para hacer un seguimiento y evaluaci줻 de las condiciones sociales
    y de las situaciones de pobreza en la regi줻. Estos relevamientos,
    que se efect즑n cada 2 � 3 a쨚s, est쟮 orientados a investigar con
    mayor extensi줻 o profundidad determinados aspectos, como  ser  el
    impacto  que  tienen  en  diferentes  sectores de la poblaci줻 las
    pol죜icas y programas sociales.  Un  prototipo de 굎tos, que viene
    teniendo  bastante  difusi줻 e influencia en Am굍ica Latina, es la
    encuesta de caracterizaci줻  socioecon줺ica  nacional  (CASEN)  de
    Chile.  Normalmente  se investiga con bastante detalle no s줹o los
    recursos (ingresos) globales del  hogar  sino  tambi굈  el  acceso
    efectivo  a  determinados  programas  asistenciales  (alimentaci줻
    escolar, subsidios alimentarios o  de  vivienda,  etc.)  y  a  los
    servicios p즒licos (salud, educaci줻, infraestructura, etc.). Ello
    permite  medir  el  impacto  y evaluar el grado de focalizaci줻 de
    esos programas,  conjuntamente  con  el  an쟫isis  de  importantes
    caracter죛ticas de los grupos beneficiarios, a base de informaci줻
    del  hogar  recogida  por  la  encuesta y no as� por los registros
    administrativos propios de cada programa.

    Cabe  hacer  notar que un n즡ero importante de pa죛es de la regi줻
    cuentan  con programas que comprenden dos e incluso los tres tipos
    de encuestas mencionadas,  sujetas  l줳icamente  a  periodicidades
    distintas cada una de ellas. Sin embargo, en los 즠timos tiempos y
    como  fruto  de  una  creciente  demanda  de  informaci줻 del 쟲ea
    social, se han evidenciado con mayor  fuerza  ciertos  vac죓s  con
    relaci줻 especialmente a la cobertura tem쟴ica y a la periodicidad
    de las encuestas, como tambi굈 respecto a la concordancia  de  los
    datos  generados  por  diferentes  fuentes,  y a la aptitud de los
    mismos   para  responder  a  las  necesidades  impuestas  por  las
    pol죜icas y proyectos sociales. Esto ha llevado en algunos casos a
    la proliferaci줻 de encuestas, o bien a ampliar  el  contenido  de
    los  cuestionarios  m쟳  all�  de lo que razonablemente permite la
    definici줻  de  cada  procedimiento  y   las   caracter죛ticas   y
    limitaciones de los instrumentos utilizados. Un ejemplo de ello es
    el intento de abordar la investigaci줻 de los temas propios de las
    encuestas de ingresos y gastos  mediante  los  procedimientos  m쟳
    쟥iles  y  baratos,  pero  menos  eficaces,  de  las  encuestas de
    prop쥀itos m즠tiples.

    En  este  sentido, junto con persistir en el esfuerzo de propender
    al mejoramiento de la calidad de los datos que se producen con las
    diferentes investigaciones, nos parece que  se  debiera  tender  a
    aclarar  mayormente  las  potencialidades de cada tipo de encuesta
    fomentando  una  cierta  especializaci줻,  pero  en  un  marco  de
    coherencia y complementariedad entre  ellas  (sistema  integrado).
    Esto  debiera  implicar  que  en  aquellos pa죛es en los cuales no
    existe una o m쟳 de estas encuestas, que  son  la  mayor죂  en  la
    regi줻,  debiera  avanzarse en completar el sistema. La diversidad
    de situaciones que presentan los pa죛es determinar� que en algunos
    casos el 굈fasis sea puesto en lograr la continuidad y  elevar  la
    calidad  de  la  encuesta  de  prop쥀itos  m즠tiples, ampliando su
    cobertura geogr쟣ica y fortaleciendo el soporte institucional.  En
    otros,  en  tanto,  cobrar� relevancia la realizaci줻 de una nueva
    encuesta de ingresos y gastos,  o  bien  el  dise쨚  y  puesta  en
    pr쟠tica  de una investigaci줻 sobre las condiciones de vida de la
    poblaci줻.  En  los  m쟳  avanzados,   por  su  parte,  lo central
    estar�  en  mejorar  la  coherencia  e  integraci줻 de todos estos
    instrumentos.


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