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� 3.1 LA MEDICION DE LA POBREZA SEGUN EL METODO DE INGRESO: �
� NOTAS PARA DISCUSION �
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Juan Carlos Feres
Comisi줻 Econ줺ica para Am굍ica Latina y el Caribe (CEPAL)
Santiago, Chile
I. INTRODUCCION
En Am굍ica Latina se utilizan preferentemente dos aproximaciones
metodol줳icas para la medici줻 y caracterizaci줻 de la pobreza: el
llamado 췱굏odo del ingreso� o de las 췯죒eas de pobreza� (LP) y
el m굏odo directo de los indicadores sociales, cuya modalidad m쟳
difundida en los 즠timos a쨚s han sido los denominados 췱apas de
necesidades b쟳icas insatisfechas� (NBI).
Como se sabe, ambos m굏odos responden a enfoques conceptuales
diferentes, al punto que 췲o constituyen, en realidad, formas
alternativas de medir la misma cosa, sino que representan dos
concepciones distintas de la pobreza� (Sen, 1981). Estos se basan,
en un caso, en la noci줻 de capacidad para satisfacer las
necesidades esenciales y, en el otro -el m굏odo directo-, en la
observaci줻 del consumo real de las personas con relaci줻 a
determinadas convenciones sobre necesidades m죒imas. Sin embargo,
los dos revisten gran inter굎 y contribuyen significativamente a
las tareas de diagn쥀tico de la pobreza.
La fuente principal de informaci줻 de los mapas de NBI son los
censos de poblaci줻 y vivienda, en tanto que las estimaciones por
LP se elaboran sobre la base de las encuestas de hogares. A su
vez, cada uno de ellos cuenta naturalmente con un esquema
metodol줳ico y una cierta matriz operacional. No obstante, su
aplicaci줻 concreta suele discurrir por variantes que no siempre
se explican del todo, por las consabidas limitaciones en materia
de informaci줻. Esto lleva a que con alguna frecuencia los
resultados que arrojan diversos estudios, que utilizan aparen-
temente el mismo m굏odo y las mismas fuentes de datos, en especial
aquellos realizados con el enfoque de la LP, difieran en la
magnitud de la pobreza estimada (a veces en medida considerable),
como tambi굈 en cuanto a las caracter죛ticas de los hogares que
son clasificados como pobres, con el evidente desconcierto que
ello provoca entre los analistas y la opini줻 p즒lica en general.
Tales discrepancias inciden en la credibilidad y confiabilidad
t괹nica de estas mediciones, ponen en cuesti줻 las evaluaciones
que se realizan del nivel y evoluci줻 de la pobreza, y dificultan
las comparaciones internacionales.
Los esfuerzos por superar este problema pasan, obviamente, por
cuidar en cada investigaci줻 la transparencia y acuciosidad con
que se explicitan los conceptos, criterios y supuestos utilizados,
as� como las fuentes de informaci줻 y el tratamiento a que se
someten los datos, de manera de hacer posible un riguroso examen e
interpretaci줻 de sus resultados.
Pero ello no basta. Se requiere, al mismo tiempo, generar entre
los investigadores un mayor consenso en cuanto a los procedimien-
tos que se aplican en las diferentes etapas del proceso de
estimaci줻, a fin de encaminarse hacia un padr줻 com즢 capaz de
elevar la consistencia y homogeneidad de las mediciones y
garantizar una efectiva comparabilidad de las mismas. Lo cual se
complementa, desde luego, con la necesidad de seguir profundizando
en lo que respecta a la verdadera utilidad, alcances y
limitaciones de la informaci줻 que surge de la aplicaci줻 de estos
m굏odos, en funci줻 de los requerimientos para el an쟫isis y la
toma de decisiones en el campo social (vg. diagn쥀tico, definici줻
de grupos focales y dise쨚, seguimiento y evaluaci줻 de impacto de
las pol죜icas y programas orientados a la superaci줻 de la
pobreza). Aunque esto forma parte de un debate ya tradicional en
Am굍ica Latina y bastante se ha avanzado al respecto, creemos que
es posible ampliar todav죂 m쟳 el espacio de operacionalizaci줻
com즢 de conceptos y m굏odos; esto, sin perjuicio de que por su
naturaleza y complejidad haya que admitir siempre un cierto grado
de diversidad en esta materia, e incluso se estime aconsejable que
as� sea.
En esta nota se rese쨅n y discuten brevemente algunos aspectos del
m굏odo de LP, de car쟠ter exclusivamente metodol줳ico, que inciden
en la identificaci줻 de los hogares pobres y en el c쟫culo de la
extensi줻 de la pobreza, y que pueden ser 즨iles a este prop쥀ito.
Su relevancia ya ha sido puesta de manifiesto en la vasta
literatura que sobre el particular se ha generado en la regi줻 en
los 즠timos a쨚s, por lo que debieran merecer una especial
consideraci줻 en las investigaciones futuras sobre el tema.
II. REFERENCIAS AL METODO DEL INGRESO
Centraremos los comentarios en torno a siete elementos: las
diferencias que se establecen en el costo de la canasta b쟳ica de
alimentos; el procedimiento de c쟫culo del valor de los
satisfactores no alimentarios; el uso de medidas de equivalencia
para los hogares de diferente tama쨚 y composici줻; la evaluaci줻
de confiabilidad de la medici줻 del ingreso corriente; los
problemas asociados a la ampliaci줻 de la cobertura del concepto
de ingreso; las medidas de pobreza, y, finalmente, algunos
alcances sobre las fuentes de informaci줻 que se emplean en este
tipo de estudios.
Por lo tanto, no se abordan en esta oportunidad los elementos
relativos a la dimensi줻 propiamente conceptual del m굏odo del
ingreso, lo que no implica desconocer que 굎ta representa una
materia de la mayor importancia y que, en ocasiones, puede
constituir una fuerte condicionante de las opciones en el plano
metodol줳ico.
1. Canasta b쟳ica de alimentos (CBA)
Aun aplicando la misma metodolog죂 para la construcci줻 y
valoraci줻 de la canasta b쟳ica de alimentos, es habitual que se
establezcan costos distintos de CBA, debido a diferencias en la
informaci줻 y en los criterios y procedimientos que se utilizan.
Esto lleva a considerar que en los estudios de pobreza se trabaje
m쟳 bien con un intervalo de valores y no con un valor 즢ico.
La determinaci줻 del valor de la CBA, representativo del costo de
satisfacci줻 de las necesidades b쟳icas de alimentaci줻 en un
momento y lugar determinados, comporta un proceso de varias etapas
que demanda el uso de gran cantidad de informaci줻. En Am굍ica
Latina esto se ha asumido principalmente en el marco de lo que
podr죂 se쨅larse como los lineamientos de la CEPAL: definici줻 de
canastas cuyo nivel y composici줻 satisfagan las necesidades
nutricionales y reflejen los h쟟itos de consumo prevalecientes en
la sociedad (ajuste a las preferencias del consumidor), en
concordancia con la oferta interna de productos alimentarios y sus
precios relativos Para su valoraci줻 se utilizan, en tanto, los
precios de cada art죅ulo recolectados para el c쟫culo del 죒dice
de precios al consumidor (IPC) (CEPAL, 1991).
Pese a que en la regi줻 esta metodolog죂 goza de una aplicaci줻
relativamente generalizada, y que la misma detalla los procedi-
mientos que ordenan las diferentes fases de la estimaci줻, cada
ejercicio concreto se enfrenta a situaciones particulares, por
insuficiencias de la informaci줻 u otras razones, que inciden
finalmente en el costo de la canasta b쟳ica de alimentos. De modo
que resulta casi inevitable arribar a valores diferentes, no s줹o
entre distintos investigadores sino incluso en el contexto de un
mismo estudio, en correspondencia con los caminos alternativos que
se sigan en cuanto a criterios, supuestos y tratamiento de los
datos de base. A su vez, valores distintos de la CBA, conocidos
tambi굈 como l죒eas de indigencia (LI) o de pobreza extrema, se
traducen directamente en diferencias en la extensi줻 de la pobreza
estimada.
El problema es todav죂 m쟳 agudo en aquellos casos en que la
informaci줻 con que se cuenta es manifiestamente d괷il o
incompleta, como suele ocurrir en algunas 쟲eas urbanas y en las
쟲eas rurales de nuestros pa죛es, lo que obliga a conducir el
an쟫isis apoyado en meras hip쥁esis o apreciaciones conjeturales.
Ahora bien, no obstante estar conscientes de ello, por lo general
tendemos a trabajar, impl죅ita o expl죅itamente, bajo el supuesto
de que el costo de la CBA representa un valor puntual, de alta
precisi줻. Y lo mismo hacemos luego, por ende, con el valor del
죒dice de pobreza.
En atenci줻 a esta variabilidad (1), pareciera m쟳 razonable
establecer este costo en funci줻 de un intervalo y no adoptarlo
necesariamente como un valor espec죉ico. La contrapartida obvia
es que esto dificulta un tanto los an쟫isis respecto de los
cambios que experimenta la pobreza en el tiempo, sobre todo cuando
son de magnitud m쟳 bien peque쨅, pero el beneficio es una mayor
coherencia con el grado de exactitud con que efectivamente se
obtienen estas estimaciones. Puesto as�, el problema ser죂
entonces c줺o determinar la amplitud del citado intervalo.
La tarea es, sin duda, eminentemente emp죚ica. Dejando de lado
los aspectos netamente estad죛ticos, los m죒imos y m쟸imos del
intervalo debieran ser la resultante de la sensibilidad del costo
de la CBA a valores alternativos -dentro de rangos razonables- de
ciertos par쟭etros relevantes que intervienen en su estimaci줻.
Entre esos factores de mayor incidencia cabe mencionar aquellos
que guardan relaci줻 con los requerimientos nutricionales de los
diferentes grupos seg즢 sexo, edad y actividad, dado que la
canasta se ajusta a las necesidades promedios de la poblaci줻; la
estructura de consumo impl죅ita en la CBA y la cantidad f죛ica de
cada producto que la compone, y los precios a los cuales se valora
dicha canasta.
Entre otros, es posible identificar -en el primer caso- elementos
tales como la talla, y por consiguiente el peso, de las personas
adultas, necesarios para calcular la" tasa de metabolismo basal"
(energ죂) o el requerimiento prote죒ico; la distribuci줻 horaria
dedicada a las diferentes actividades predominantes (ligeras,
moderadas y pesadas), especialmente entre la poblaci줻 adulta, y
los gastos energ굏icos brutos correspondientes a cada actividad.
En el segundo, sobre la estructura de consumo, est쟮 los aspectos
relativos a la selecci줻 del grupo de referencia para evaluar los
h쟟itos de la poblaci줻; el tratamiento del consumo 췧uera del
hogar� (modalidad de adquisici줻 de los alimentos), y los
supuestos relativos a la evoluci줻 de los patrones de gasto,
cuando no se dispone de encuestas recientes sobre el particular.
Y, por 즠timo, respecto de los precios, la selecci줻 de aquellos
que se estimen pertinentes para valorar la CBA (medios, m죒imos,
los que pagan los sectores pobres, etc.); diferencias entre
regiones o 쟲eas, a falta de informaci줻 detallada, e 죒dice
v쟫ido para la actualizaci줻 del valor de la canasta (IPC de
alimentos, IPC de los pobres, o precios por producto).
Diversos estudios de la CEPAL y de otros autores (2) han simulado
el efecto de algunos de estos factores. Por ejemplo, hay an쟫isis
de sensibilidad de las necesidades promedios de energ죂 de toda la
poblaci줻 ante variaciones en sus elementos determinantes. As�,
cambios en la talla de la poblaci줻 adulta de m쟳 o menos 2 cm,
inciden en variaciones -positivas o negativas- de las necesidades
cal줿icas que llegan a lo sumo a 22 Kcal/d죂 por persona (menos de
1% del requerimiento total). Distintas hip쥁esis sobre distribu-
ci줻 horaria dedicada a las diferentes actividades predominantes
afectan, por su parte, en no m쟳 de 26 Kcal/d죂 por persona. Y el
impacto de diferentes valores de los gastos energ굏icos brutos
correspondientes a cada actividad se mueve entre -1.2% y +0.7%(3).
Del mismo modo, en ciertos pa죛es y en determinados per죓dos, las
diferencias en el costo de la CBA derivadas de utilizar uno u otro
죒dice de precios para actualizar su valor, han resultado m죒imas
o de poca significaci줻.
No obstante, la evidencia de que se dispone es a즢 muy insufi-
ciente y no siempre aporta resultados concluyentes. Adem쟳, se
requieren esfuerzos adicionales para alcanzar un cierto grado de
formalizaci줻, que permita establecer algo as� como el efecto neto
del conjunto de factores que inciden en la variabilidad del valor
de la canasta b쟳ica de alimentos. Esta es, por tanto, una de las
쟲eas en que se debe seguir trabajando.
2. Gastos no alimentarios
La estructura del gasto var죂, entre otros factores, en funci줻
del tama쨚 y la composici줻 del hogar y de las etapas del ciclo de
vida familiar. De modo que, m쟳 que aplicar un coeficiente
(promedio) de gasto en bienes no alimentarios para todos los
hogares de un grupo pertinente de ingresos, debiera tenderse hacia
췼n juego de coeficientes�. Asimismo, cuando no se dispone de
datos recientes sobre la distribuci줻 del gasto, dichos coefi-
cientes debieran actualizarse al menos de acuerdo a la evoluci줻
de los precios relativos entre los alimentos y los dem쟳 productos
de consumo.
En el marco del m굏odo de LP, la manera habitual de determinar el
costo de satisfacci줻 de las necesidades no alimentarias es de
tipo normativo. Se basa en la relaci줻 observada entre los gastos
en alimentaci줻 y los gastos totales de consumo (coeficiente de
Engel) en los distintos estratos de hogares, especialmente en
aquellos que pertenecen al denominado grupo de referencia (hogares
cuyo gasto en alimentos es ligeramente superior al presupuesto
b쟳ico establecido) (4).
Al respecto se han destacado a lo menos dos implicaciones
conceptuales. En primer lugar, que lo anterior supone que los
hogares que logran cubrir adecuadamente sus necesidades de
alimentaci줻, satisfacen al mismo tiempo los est쟮dares m죒imos de
las otras necesidades b쟳icas (5). En segundo lugar, que el hecho
de que el dato registrado en las encuestas corresponda exclusiva-
mente al gasto en consumo privado implica que una parte de la
satisfacci줻 de las necesidades b쟳icas no queda reflejada en esa
pauta de consumo, en la medida que los hogares acceden a bienes y
servicios subsidiados total o parcialmente por el Estado (CEPAL,
1990) (6).
Sin embargo, lo que queremos resaltar ac� es un asunto distinto.
Admitido el coeficiente de Engel como norma a partir de la cual
se establece el costo de los satisfactores no alimentarios, surge
el problema de las diferencias en el valor de este coeficiente
entre los distintos tipos de hogares de un estrato de referencia
(7). Diferencias que tienen que ver principalmente con el tama쨚
y la composici줻 del hogar, y con las etapas del ciclo de vida por
las que 굎te atraviesa.
Un ejemplo de ello lo encontramos en los resultados del an쟫isis
efectuado por Feres y Le줻 (1987), a partir de los datos de la
encuesta de ingresos y gastos de Colombia de 1984-1985, que
ilustran acerca de las diferencias que existen en la estructura
del gasto no alimentario, en sus principales rubros, entre hogares
de similar nivel de ingreso pero de distinta composici줻. As�,
para el conjunto de hogares de Bogot�, Cali y Medell죒 que
conformaban el 2�. cuartil de gasto per c쟰ita, se observaron
diferencias en la proporci줻 del gasto destinado a transporte,
educaci줻, salud y vivienda. Respecto de este 즠timo 죜em, los
hogares constituidos por parejas j쥃enes, sin hijos, destinaban en
promedio cerca de un 20% del gasto a vivienda, en tanto que en los
hogares de parejas de mayor edad con dos hijos dicho porcentaje
era de un 15%. Las diferencias que se observaron en la proporci줻
del gasto en alimentaci줻 fueron a즢 mayores.
De modo que el hecho de que el costo de atender las necesidades no
alimentarias var죇 a lo largo de las etapas del ciclo de vida
familiar, seg즢 el tama쨚 y la composici줻 del hogar, as� como en
funci줻 de otros factores tales como la cuant죂 del patrimonio
acumulado y el grado de acceso a servicios p즒licos, amerita un
cierto an쟫isis pormenorizado de estos cap죜ulos del gasto, el
cual podr죂 derivar -al igual que para la alimentaci줻- en
eventuales coeficientes espec죉icos para distintos tipos de
hogares.
Sin embargo, este es un aspecto que debiera tambi굈 tener su
expresi줻 en el 쟭bito de las denominadas 췦scalas de equiva-
lencias� que se analizan en el punto siguiente, y a lo mejor es a
trav굎 de ellas que debieran recogerse completamente los efectos
relativos a las diferencias de composici줻 y de las econom죂s de
escala de los hogares, impl죅itas en el perfil de sus gastos de
consumo. Por otra parte, en virtud de la baja periodicidad con que
se realizan las encuestas de presupuestos familiares, es necesario
contar con alg즢 criterio que permita 췢ctualizar� la estructura
de gastos de los hogares. En ausencia de otra informaci줻, y sin
recurrir a sofisticados c쟫culos de elasticidad, una v죂 dispo-
nible parece ser el tomar en consideraci줻 la evoluci줻 de los
precios de los diferentes cap죜ulos del gasto y ponderar, en cada
momento, el coeficiente original por la diferencial de cambio en
los precios relativos. La experiencia de los 즠timos a쨚s en la
mayor죂 de los pa죛es de la regi줻 en cuanto, por ejemplo, a la
disparidad con que se han modificado los precios de los bienes
transables y no transables, o las tarifas de los servicios
p즒licos versus precios de los alimentos, justifican con creces un
procedimiento de este tipo.
Un asunto distinto (y que no veremos ac�) es, por cierto, el c줺o
determinar los coeficientes de gasto en alimentaci줻 en aquellas
쟲eas de las cuales no se tiene ninguna clase de informaci줻,
situaci줻 en que se encuentra gran parte de las zonas rurales de
Am굍ica Latina.
3. Medidas de equivalencia
El uso de valores expresados per c쟰ita es necesario, pero
claramente insuficiente. Las importantes diferencias entre los
hogares en determinados atributos claves, hace aconsejable evaluar
sus necesidades y sus recursos en unidades de equivalencia. No
obstante, se est� lejos de disponer de buenas medidas en este
sentido.
En los estudios de pobreza se utilizan normalmente las unidades
per c쟰ita para expresar tanto los valores de las l죒eas como los
recursos de que dispone el hogar para satisfacer sus necesidades
b쟳icas. Con ello se da cuenta del hecho de que el nivel de
bienestar depende estrechamente del n즡ero de miembros de la
familia. Sin embargo, como ya se dijo, en rigor la l죒ea de
pobreza -o el ingreso- debiera reconocer adem쟳 las econom죂s de
escala asociadas a diferentes tama쨚s de hogar, los efectos de la
particular composici줻 de sus integrantes (sexo, edad u otra
caracter죛tica relevante), as� como la estructura de consumo que
acompa쨅 a las distintas fases o etapas del ciclo de vida
familiar. El conjunto de estos elementos es lo que tendr죂 que
resumirse en las denominadas 췦scalas de equivalencia� entre los
hogares (8).
La utilizaci줻 o no de este tipo de escalas en los diversos
estudios redunda en discrepancias en sus resultados, no s줹o en
cuanto a la extensi줻 de la pobreza sino, especialmente, en lo que
respecta a la identificaci줻 de los hogares pobres. Como ejemplo,
baste se쨅lar que muchos hogares de ingresos medios pero de gran
tama쨚 (y por ende con fuerte presencia de ni쨚s), podr죂n cambiar
su clasificaci줻 de pobres a no pobres si se tomara en cuenta las
equivalencias que les son aplicables.
Con todo, debe reconocerse que estas escalas son dif죅iles de
obtener y, aun cuando existen algunas propuestas concretas, se
considera que hasta ahora son muy parciales e imperfectas. Tres
son los m굏odos principales que se utilizan para obtenerlas:
a) Encuestas de valoraci줻 de las necesidades individuales
(introduce elementos subjetivos);
b) Investigaci줻 emp죚ica del comportamiento del gasto de los
hogares (usando alg즢 indicador de bienestar, como el
coeficiente de Engel, para hogares de diferente tama쨚 y
composici줻), y
c) Estudios de base nutricional (y psicol줳ica).
Naturalmente, los distintos m굏odos conducen a resultados tambi굈
distintos.
Para ilustrar la gran disparidad que se puede producir a este
respecto, a continuaci줻 se presentan cuatro escalas actualmente
en uso en diferentes pa죛es:
Escala de Amsterdam (usada en los estudios de gastos de consumo
en el Reino Unido):
Hombre Mujer
18 a쨚s y m쟳 1.00 0.90
14 - 17 a쨚s 0.98 0.90
< 14 a쨚s 0.52 0.52
OECD 1/ OECD
modificada 2/
Primer adulto 1.0 1.0
Persona adicional > 14 0.7 0.5
Persona adicional < 14 0.5 0.3
1/ Arbitraria, pero m쟳 realista que el per c쟰ita.
2/ Compromiso entre la de la Organizaci줻 de Cooperaci줻 y
Desarrollo Econ줺icos (OECD) y la escala subjetiva.
Escala subjetiva:
Primer adulto 1.000
Segunda persona 0.232
Tercera persona 0.159
Cuarta persona 0.126
Quinta persona 0.105
Sexta persona 0.091
Como se advierte, unas y otras pueden llegar a ser muy diferentes,
al punto de alterar significativamente los resultados que se
obtengan en un estudio de pobreza. De modo que tampoco basta
aplicar una escala (frente a no hacerlo), sino que es muy
importante conocerla espec죉icamente, y evaluar sus antecedentes y
razonabilidad.
Un criterio utilizado en Am굍ica Latina para elaborar escalas de
equivalencia pero v쟫ido tan solo a nivel del consumo alimentario,
es aquel que se deriva de las necesidades energ굏icas de cada
individuo (CEPAL, 1991). Con su aplicaci줻 es posible tomar en
cuenta las necesidades diferentes de alimentaci줻 de los distintos
miembros del hogar, pero no incorpora expl죅itamente las posibles
econom죂s de escala en el consumo de alimentos. Con mayor raz줻,
no se puede considerar este criterio como base suficiente para
extrapolarlo al conjunto de los gastos de consumo. De todas
maneras, su utilidad es indudable en el 죜em de consumo
alimentario, por lo que en el cuadro siguiente se presenta un
ejemplo de este tipo de escala, a partir de los requerimientos de
una persona de 31 a 60 a쨚s de edad, de sexo masculino y con
actividad moderada.
Escala a base de las necesidades energ굏icas (Per�)
Categor죂s sociodemogr쟣icas Hombres Mujeres
Menores de 1 a쨚 0.274 0.253
1 a 3 a쨚s 0.502 0.469
4 a 6 a쨚s 0.651 0.587
7 a 9 a쨚s 0.748 0.660
10 a 13 a쨚s 0.825 0.728
14 a 17 a쨚s 0.990 0.774
18 a 30 a쨚s
Actividad ligera 0.883 0.701
Actividad moderada 0.994 0.722
Actividad pesada 1.143 0.761
31 a 60 a쨚s
Actividad ligera 0.888 0.725
Actividad moderada 1.000 0.747
Actividad pesada 1.150 0.787
Mayores de 60 a쨚s
Actividad ligera 0.729 0.659
Actividad moderada 0.821 0.679
Actividad pesada 0.944 0.715
Fuente: CEPAL, 1988.
En consecuencia, pese a reconocer la imperiosa necesidad de
incorporar este elemento en la metodolog죂 de los estudios de
pobreza, es poco a즢 lo que se puede proponer s줹idamente al
respecto. Constituye, por lo tanto, otro tema que debiera formar
parte de la agenda de investigaci줻 metodol줳ica en este campo de
los pa죛es de la regi줻.
4. Confiabilidad de la medici줻 del ingreso
Evaluar la calidad de las mediciones de ingreso de las encuestas
de hogares es una tarea central en las estimaciones de pobreza por
LP. Junto con avanzar hacia una mayor cobertura y precisi줻 de los
datos primarios, es posible mejorar a즢 m쟳 los procedimientos
para la correcci줻 y ajuste de esos ingresos.
Entre los m즠tiples aspectos que investigan las encuestas de
hogares, no cabe duda que uno de los m쟳 controversiales es el de
la calidad de las mediciones de las distintas corrientes de
ingresos que reciben las personas y las familias. Existe un amplio
consenso en que ellas adolecen de sesgos generalmente subestima-
tivos, aun cuando tal consenso no siempre se extienda a la manera
en que ellos se determinan y a la magnitud de los mismos. En los
estudios de pobreza, que representan un corte normativo en la
distribuci줻 del ingreso, es imprescindible hacer un intento por
evaluar estos sesgos y corregirlos. De lo contrario, ellos se
reflejan autom쟴icamente en la extensi줻 de la pobreza estimada.
Pese a que las encuestas m쟳 frecuentemente utilizadas para estos
fines forman parte -en casi todos los pa죛es- de un programa
regular y de ejecuci줻 permanente, con sus contenidos y procesos
altamente estandarizados, no hay antecedentes suficientes que
avalen la tesis de una relativa estabilidad de estos sesgos en la
sucesivas rondas de la encuesta (9). Por el contrario, en muchos
casos la evidencia que se ha podido generar tiende a contradecir
-y a veces abiertamente- la idea de un posible "congelamiento" de
tales sesgos. No queda otra alternativa, por tanto, que evaluar en
cada encuesta la confiabilidad de la medici줻 del ingreso y
procurar la correcci줻 de los m쟲genes de subestimaci줻.
Los sesgos pueden ser de distinto tipo. Algunos se relacionan con
el c쟲acter muestral de la investigaci줻 (insufiencia o mala
calidad del marco muestral, problemas de cobertura, rechazos,
variabilidad estad죛tica, etc.), en tanto que otros se derivan m쟳
bien de determinadas contingencias de errores ajenos al muestreo
(Altamir, 1975). Los primeros se suponen manejados en el marco de
cada encuesta, y son generalmente evaluados por el responsable de
la misma; los segundos, en cambio, constituyen sobre todo errores
de respuesta que suelen ser m쟳 dif죅iles de detectar, no siempre
son completamente imputables al responder y su correcci줻 resulta
compleja. Adem쟳, estos 즠timos representan usualmente la mayor
proporci줻 dentro del error total de estimaci줻.
Para nuestros prop쥀itos interesan especialmente los problemas de
no respuesta, de cobertura incompleta del concepto de ingreso
investigado, y de subdeclaraci줻.
La falta de respuesta a determinadas preguntas de ingreso puede
llegar a ser significativa en una encuesta, al punto que
distorcione los resultados y abulte artificialmente los 죒dices de
pobreza (y particularmente los de indigencia) 10. Es necesario,
por ende, efectuar las imputaciones correspondientes, de acuerdo a
los atributos de cada receptor que no declar�. Esto es perfecta-
mente posible en la mayor죂 de los casos y la propia encuesta
aporta informaci줻 para ello, utilizando como base los ingresos
reportados por las personas u hogares de similares caracter죛ticas
(11).
Un criterio alternativo es obviamente excluir de la muestra, para
todo lo relacionado con las variables de ingreso, a aquellos que
no reportan su valor. Si lo anterior se acompa쨅 de los ajustes
muestrales pertinentes (reemplazos o cambios en los factores de
expansi줻) no hay problema; pero, de no ser as�, alterar죂 la
representatividad de la encuesta, o bien obligar죂 a ampararse en
el supuesto de que las personas que se excluyen de la muestra
tienen la misma distribuci줻 y caracter죛ticas de las que
permanecen en ella, lo que constituye un supuesto fuerte que al
menos requiere del respaldo de investigaciones de campo, que por
lo general no se realizan en Am굍ica Latina.
Completar el concepto de ingreso investigado en las encuestas,
para compatibilizarlo con el ingreso corriente total de los
hogares, tambi굈 opera por el mecanismo de la imputaci줻. Pero
este caso es distinto al anterior; no s줹o se requiere identificar
a los probables perceptores de cada clase de ingreso no
investigado, sino adem쟳 generar una estimaci줻 del monto global o
promedio de esos ingresos a partir de datos de una fuente ex줳ena
a la encuesta que, como se ver�, est� constituida por las cuentas
nacionales. Asimismo, se debe contar con algunos criterios que
permitan distribuir esos ingresos entre los perceptores. En la
pr쟠tica, lo que se verifica es que a veces se dispone de
informaci줻 en la encuesta como para identificar a esos receptores
y distribuir los ingresos, y otras s줹o es posible hacer una
asignaci줻 gruesa y muy conjetural. Sin embargo, aun en esta
situaci줻 es claramente preferible realizar las correcciones,
minimizando as� el riesgo de sobreestimar los 죒dices de pobreza.
Por su parte, el an쟫isis de confiabilidad de los ingresos y la
evaluaci줻 de los probables sesgos de subdeclaraci줻, tambi굈
requieren de un patr줻 de referencia cuantitativo, independiente
de la encuesta misma, que provea estimaciones de los diversos
tipos de ingreso de los receptores y sirva de punto de contraste
sobre bases comparables. Este papel se le asigna normalmente a las
cuentas nacionales.
Hasta ahora la mayor죂 de los pa죛es de Am굍ica Latina no elabora
regularmente la cuenta de ingresos y gastos de los hogares del
sistema de cuentas nacionales (SCN), o no lo hace con el grado de
desagregaci줻 deseado. A su vez, son de sobra conocidas las
cr죜icas que se formulan a la precisi줻 y confiabilidad de las
propias cuentas nacionales, lo que podr죂 poner en tela de juicio
su utilizaci줻 como marco de referencia para evaluar las
encuestas. No obstante, es indiscutible que se trata del 즢ico
sistema estad죛tico que ofrece una evaluaci줻 y conciliaci줻 en
detalle de los datos provenientes de m즠tiples fuentes, en el
contexto de un marco conceptual coherente y de aplicaci줻
sistem쟴ica.
De all� que el punto sea m쟳 bien c줺o mejorar progresivamente la
disponibilidad, calidad, nivel de desagregaci줻 y rigor conceptual
de la cuenta de los hogares, y no limitarse solamente a impugnar
su validez. En esta l죒ea se podr죂n inscribir, por ejemplo, los
esfuerzos de la CEPAL por incentivar a los pa죛es a que asuman
esta tarea, colaborando en el desarrollo metodol줳ico e incluso
aportando sus propias estimaciones.
El siguiente paso es definir los criterios y procedimientos para
llevar a cabo el ajuste de los ingresos de la encuesta (12).
Partiendo de la base de que la magnitud de la subestimaci줻 de
cada tipo de ingreso viene dada por su diferencia respecto al
monto de similar corriente registrado en las cuentas nacionales,
un primer problema que enfrentar es el de la conciliaci줻 de
conceptos entre ambas fuentes. Como elementos relevantes, en este
sentido, podr죂mos mencionar:
a) Remuneraciones de los empleados
De acuerdo al procedimiento, las encuestas investigan los
ingresos del trabajo, y en particular las remuneraciones de
los empleados, generalmente como ingreso l죘uido; vale decir,
lo que efectivamente recibe el trabajador luego de efectuados
los descuentos legales. Por su parte, en la cuenta de los
hogares se consignan las remuneraciones brutas, de manera que
la equivalencia conceptual con la medici줻 de la encuesta
exige deducir de estas 즠timas las contribuciones a la
seguridad social (remuneraciones netas) y los impuestos
directos.
Esto es posible en base a la informaci줻 sobre el valor de las
contribuciones al sistema de seguridad social; las referidas
al r괾imen tradicional (de reparto) se individualizan entre
los gastos de los hogares, y las del r괾imen de capitalizaci줻
individual (de existir) deben estimarse como partidas informa-
tivas de la cuenta (13).
b) Excedente de explotaci줻
Se debe excluir del excedente de explotaci줻 aquel que
corresponde al sector de propiedad de vivienda (arriendos
efectivos e imputados), el que a su vez debiera ser objeto de
un tratamiento separado en lo que se refiere a su comparaci줻
con la encuesta.
De esta forma, el excedente de explotaci줻 neto, excluido el
del sector de propiedad de vivienda y deducidos los impuestos
directos, se asimila al concepto de ingreso primario de los
trabajadores independientes, cuya medici줻 es la que se
procura en las encuestas.
c) Impuestos directos
A las remuneraciones netas de los empleados registradas en la
cuenta de los hogares es necesario todav죂 descontarle los
impuestos directos, a efectos de hacerlas congruentes con el
concepto de remuneraciones l죘uidas presumiblemente captado en
las encuestas. Asimismo, debe hacerse lo propio respecto de
las ganancias, debido a que el concepto contable tambi굈
incluye tales impuestos.
Para ello se requiere desglosar los impuestos directos pagados
por los hogares, y registrados en la cuenta, de manera de
asociarlos (enteramente) a cada una de estas dos fuentes de
ingreso. Con ese prop쥀ito es necesario sistematizar la
informaci줻 disponible en cada oportunidad sobre los
diferentes tipos de impuesto, a fin de estimar el respectivo
valor pagado por los sueldos y salarios y, por diferencia,
deducir el correspondiente a las ganancias.
d) Arriendos imputados y arriendos efectivos
En cada uno de los a쨚s para los que se estime la cuenta de
los hogares, se debe incluir un conjunto de partidas informa-
tivas. Entre ellas cabe contemplar los alquileres imputados
por el uso de la vivienda propia o cedida, y la identificaci줻
de aquella parte del excedente de explotaci줻 del sector
propiedad de vivienda que corresponde a arriendos imputados.
Estos datos permiten, naturalmente, disponer del valor de los
arriendos imputados y adem쟳 calcular el de los arriendos
efectivos, y hacer los mencionados ajustes al excedente de
explotaci줻 para hacer compatible su comparaci줻 con el
concepto de ganancia de los trabajadores independientes
captado en las encuestas.
i) Arriendos imputados
Como se desprende de lo anterior, entre estas partidas infor-
mativas se debe incluir tanto la producci줻 bruta de los
arriendos imputados como su correspondiente valor agregado
(excedente de explotaci줻). La diferencia entre ambos se
explica por los costos de producci줻, que en este caso se
relacionan b쟳icamente con los gastos de reparaciones,
contribuciones de bienes ra죅es, consumo de capital fijo, y
gastos comunes (14).
Ahora bien, aun cuando trat쟮dose del ingreso de los hogares
corresponder죂 estrictamente hacer la comparaci줻 con los
arriendos imputados de la encuesta seg즢 el nivel de valor
agregado, es razonable suponer que en la pr쟠tica los hogares
entrevistados responden en funci줻 de lo que ellos estiman
podr죂 ser el valor de arriendo de su vivienda en el caso de
que ella debiera contratarse en el mercado. De modo que el
monto que reportan se aproxima m쟳 al concepto de valor de
producci줻 que de valor agregado, debido a que es dable
presumir que los hogares no descuentan ninguno de los 죜emes
de costo se쨅lados anteriormente. M쟳 a즢, tampoco ser죂
posible calcular estos costos en base a alguna otra
informaci줻 registrada en la encuesta.
De all� entonces que, para esta corriente de ingreso no
monetario, la comparaci줻 entre las magnitudes del marco de
referencia y las de la encuesta se establezca normalmente
seg즢 el valor total de los arriendos imputados. Esto, sin
perjuicio de que en el curso de esa comparaci줻 se presenten
adem쟳 otros problemas, a los cuales haremos referencia m쟳
adelante.
ii) Arriendos efectivos
De acuerdo a la informaci줻 disponible en las partidas infor-
mativas, 굎tos se obtienen como la diferencia entre el
excedente de explotaci줻 del sector propiedad de vivienda y
aquel que corresponde a los arriendos imputados.
Cuando en las encuestas se investiga separadamente esta
corriente de ingreso, queda abierta la posibilidad de
contrastar directamente la medici줻 que de ella efect즑n ambas
fuentes de informaci줻.
e) Prestaciones del nuevo sistema de seguridad social
El valor de las prestaciones que reciben los hogares de parte
de los nuevos sistemas de seguridad social (capitalizaci줻
individual) en aquellos pa죛es en que han sido implementados
-incluido entre las partidas informativas-, se contabiliza
conjuntamente con el valor de las prestaciones del r괾imen
antiguo de seguridad social que se registra en la cuenta de
los hogares. Esto responde a la necesidad de hacer equivalente
el concepto del marco de referencia con aquel efectivamente
reportado en las encuestas.
Cabe se쨅lar que el hecho de que las prestaciones de este
r괾imen no figuren entre los ingresos de la cuenta, obedece a
que contablemente los aportes al nuevo sistema se consideran
como una transacci줻 financiera (ahorro), de modo que las
prestaciones se asimilan a un retiro de fondos propios o
desahorro. No obstante, en el contexto de la evaluaci줻 de los
recursos disponibles del hogar, y dada la modalidad que asumen
normalmente estos retiros, parece m쟳 l줳ico sujetarlos a la
consideraci줻 de ingreso corriente.
De cualquier manera, es del caso recordar que 굎te es uno de
los tipos de ingreso que para los efectos del ajuste se
contabiliza en t굍minos netos, en la medida que las cotiza-
ciones son simult쟮eamente deducidas de las remuneraciones de
los empleados.
Un tratamiento algo distinto es el que se aplica a las
transacciones con las instituciones privadas de salud previ-
sional -en los casos en que existen-, en la medida que se
asimilan a las compaㄱas de seguros. Contablemente sus
prestaciones se registran en el rubro de ingreso de los
hogares bajo el 죜em de indemnizaci줻 del seguro de riesgos,
al tiempo que las cotizaciones de los empleados se incluyen
como primas netas por seguro de riesgos y, una parte menor,
como gasto de consumo final, en virtud de que se considera
pago por servicio (costo administrativo y ganancia de las
instituciones). De all� que, en funci줻 del ajuste de los
ingresos de la encuesta, el valor de este tipo de prestaciones
se compute tambi굈 en t굍minos netos, dentro del conjunto de
partidas que constituyen las transferencias corrientes.
f) Ajuste al concepto de ingreso disponible
Un punto que puede suscitar debate es si los ingresos de los
hogares medidos en la encuesta debieran compatibilizarse, a
nivel global, con el concepto de ingreso disponible de las
cuentas nacionales, o si determinadas partidas debieran
considerarse estrictamente en t굍minos de ingreso 췣ruto�. En
otras palabras, si a algunas corrientes de ingreso registradas
en la cuenta de los hogares debiera descont쟲seles o no su
contrapartida de gasto en que incurren los hogares por el
mismo concepto.
En concreto, esto afectar죂 a corrientes tales como los
ingresos de capital en efectivo (rentas de la propiedad
recibidas menos intereses y otras rentas pagadas), los seguros
de riesgos (indemnizaciones recibidas menos primas netas
pagadas) y las transferencias corrientes (recibidas menos las
efectuadas).
Al respecto, en los trabajos de la CEPAL se ha optado por
operar estas variables sin descontar los respectivos gastos,
en atenci줻 a que las encuestas apuntan a captar -en el mejor
de los casos- el ingreso bruto correspondiente, y de ninguna
manera se puede presumir que, pese a ello, los entrevistados
reporten dichos ingresos en t굍minos netos.
Sobre este particular cabe tener presente tres circunstancias
adicionales: la primera, de orden estrictamente pr쟠tico, es
que el conjunto de estas corrientes de ingreso representa una
proporci줻 muy baja del ingreso total de los hogares, de modo
que cualquiera sea el criterio que se adopte tiene muy poca
incidencia en el resultado final; la segunda, en tanto, es m쟳
conceptual, y se refiere al hecho de que lo que interesa
evaluar en la perspectiva de los estudios de pobreza es la
magnitud de los recursos de que dispone el hogar, con
prescindencia del destino de esos recursos, cuesti줻 esta
즠tima que desde un punto de vista normativo -y especialmente
para el caso de los hogares pobres- queda comprendida en las
consideraciones propias de la determinaci줻 del valor de la
l죒ea de pobreza (o sea, de los gastos requeridos para cubrir
las necesidades b쟳icas), y, finalmente, que de acuerdo a la
t괹nica aplicada para corregir espec죉icamente la subdeclara-
ci줻 de los ingresos de capital medidos por las encuestas,
donde s줹o se imputan al quintil de mayores ingresos, el
criterio alternativo se reflejar죂 cuando m쟳 en una leve baja
de la concentraci줻 del ingreso, pero casi no afectar죂 la
medici줻 de la pobreza.
Lo anteriormente descrito permite ilustrar acerca de los avances
metodol줳icos alcanzados en materia de evaluaci줻 y correcci줻 de
los sesgos que afectan a la medici줻 de ingreso que realizan las
encuestas de hogares. Pero, al mismo tiempo, advierte respecto a
la necesidad de seguir progresando en la calidad de estos ajustes
(15), conjuntamente con mejorar la confiabilidad de la informa-
ci줻, tanto de las encuestas como de las cuentas nacionales.
5. Ampliaci줻 de la cobertura del concepto de ingreso
Una parte del consumo, especialmente de los sectores de bajos
ingresos, proviene de transferencias del Estado, que no se captan
dentro de los gastos privados que investigan las encuestas. Estas
debieran incorporar los instrumentos que permitan registrar este
tipo de informaci줻.
Como ya se mencion�, el hecho de que el dato registrado en las
encuestas de hogares corresponda exclusivamente al gasto en
consumo privado implica que una parte de la satisfacci줻 de las
necesidades b쟳icas no queda reflejada en esa pauta de consumo, en
la medida que los hogares acceden a determinadas transferencias en
forma de bienes y servicios subsidiados total o parcialmente por
el Estado.
En el contexto de la metodolog죂 de LP no existen, en principio,
grandes dificultades conceptuales para ampliar el concepto de
ingreso corriente total de los hogares hacia uno que incluya el
acceso efectivo a esos servicios p즒licos gratuitos o subsidiados.
Ello, por cuanto lo que involucra este 즠timo punto no es si la LP
resultante incorpora o no dichos bienes y servicios, ya que su
consideraci줻 expl죅ita muy probablemente disminuir죂 el coefi-
ciente de Engel (aumentando, por ende, la LP) con un aumento
proporcional correlativo en el ingreso de los hogares. Veamos un
ejemplo simple de un hogar cuyos ingresos se sit즑n al nivel de la
l죒ea de pobreza:
Gasto en alimentos (G.A.) = 100/200 = 0.5 (2.0)
G.A. + Otros gastos privados
Gasto en alimentos = 100/250 = 0.4 (2.5)
Gasto total privado + Bienes P즒licos
Ingreso 200 <=> Ingreso 250
De lo anterior se deduce que el problema m쟳 bien estriba en la
variabilidad de acceso de los hogares -entre ellos y a lo largo
del tiempo- a los bienes y servicios p즒licos o, por contraste, en
la validez del supuesto sobre una relativa estabilidad en la
cuant죂 y distribuci줻 de los bienes p즒licos; de lo cual se
concluye que los hogares toman sus decisiones de gasto con arreglo
al sistema institucional vigente, y en consecuencia el coeficiente
de Engel es adecuado para estimar el costo global del conjunto de
las necesidades.
Sin embargo, la situaci줻 es distinta en el plano emp죚ico. Las
encuestas no proveen informacion suficiente sobre el particular.
En muy pocos casos (como la encuesta CASEN de Chile, por ejemplo)
se identifica a los hogares y personas beneficiados con
transferencias monetarias fiscales y se les consulta acerca del
monto de esas prestaciones, o bien se registra la informaci줻
suficiente como para realizar la correspondiente imputaci줻
(apoyada con datos de costo, externos a la encuesta). Desde luego,
en cuanto a las transferencias no monetarias el problema es a즢
mayor.
El desaf죓 en esta 쟲ea lo constituye el dise쨅r y llevar a la
pr쟠tica los instrumentos adecuados para levantar la informaci줻 a
nivel de cada hogar, conjuntamente con asegurar su periodicidad.
Lo que trae consigo el beneficio adicional de aportar los
antecedentes necesarios para ampliar el an쟫isis de las
condiciones de vida y realizar el seguimiento y evaluaci줻 de
determinados programas sociales.
6. Medidas de pobreza
La estratificaci줻 de la poblaci줻 de acuerdo a criterios de
pobreza, abre la posibilidad de elaborar informaci줻 e indicadores
de gran utilidad para el conocimiento del fen줺eno y de su
evoluci줻.
La mayor죂 de los estudios de pobreza que se elaboran en Am굍ica
Latina presentan, normalmente, resultados relativos a la identifi-
caci줻 y cuantificaci줻 de los hogares pobres. Vale decir,
proporcionan informaci줻 acerca de la incidencia de pobreza,
desagregada por unidades geogr쟣icas o grupos socioecon줺icos. Son
m쟳 escasos, sin embargo, aquellos que cubren otras dimensiones
del problema, tales como las brechas o 췥euda� de pobreza y la
severidad de la pobreza (qu� tan pobres son los pobres). Asimismo,
no es del todo usual que se divulguen antecedentes sobre el perfil
o caracter죛ticas de los hogares pobres, particularmente 즨iles
para las tareas de diagn쥀tico y dise쨚 de pol죜icas.
Se han propuesto un gran n즡ero de medidas de la pobreza que
permiten enriquecer las posibilidades anal죜icas de estos
estudios. Entre ellas est쟮 las que dan cuenta de la insuficiencia
de ingreso de los pobres, de la magnitud del esfuerzo social
requerido para superar la pobreza o, por la v죂 de la descompo-
sici줻 estad죛tica de los 죒dices, de la contribuci줻 de distintos
factores a la evoluci줻 de la incidencia agregada de pobreza.
Desde un punto de vista formal, cada una de estas medidas presenta
ventajas y limitaciones. Sen (1976) se쨅l� dos axiomas principales
que deb죂n cumplir, como condiciones, los 죒dices de pobreza, a
saber:
a) Axioma de monotonicidad. Una reducci줻 en el ingreso de un
hogar pobre (ceteris paribus) debiera incrementar el 죒dice de
pobreza.
b) Axioma de transferencia. Una transferencia de ingresos de un
hogar pobre a otro m쟳 rico (ceteris paribus) debiera
incrementar el 죒dice de pobreza.
No todos los 죒dices conocidos satisfacen estas condiciones. Es
claro, por ejemplo, que la medida de incidencia de pobreza (H) no
tiene ninguna de estas dos propiedades, en tanto que las de
brechas de pobreza satisfacen el axioma de monotonicidad, pero no
as� el de transferencia. En atenci줻 a ello, el mismo Sen propuso
un 죒dice que supera estas limitaciones:
P(s) = H [ I + (1 - I) G ]
donde: H = incidencia de pobreza
I = brecha de ingreso (deuda media de pobreza en porcentaje
-respecto a la l죒ea de pobreza)
G = coeficiente de Gini de la distribuci줻 del ingreso de
los pobres.
Como se advierte, en este 죒dice la incorporaci줻 del coeficiente
de Gini soluciona el problema de que se mantengan inalteradas las
medidas H e I cuando se producen transferencias de ingreso entre
los pobres. A su vez, 0 < P(s) < 1 .
De all� se deduce que:
P(s) = H * I si todos los pobres tienen el mismo ingreso.
P(s) = 0 si todas las personas tienen un ingreso mayor que la
l죒ea de pobreza, y
P(s) = 1 si todas las personas tienen un ingreso igual a cero.
Por su parte, Foster, Greer y Thorbecke (1984) tambi굈 formularon
un 죒dice de pobreza, incorporado en una familia de 죒dices a
partir de diferentes valores del par쟭etro 츫� (que representa
algo as� como el grado de aversi줻 a la pobreza por parte de la
sociedad). Cuando �=0, el 죒dice es igual a la incidencia de
pobreza (H); con �=1, es igual a la brecha de pobreza (H * I), en
tanto que cuando �=2, el 죒dice representa la distancia media de
ingreso de los pobres, al cuadrado, en relaci줻 a la l죒ea de
pobreza (FGT). As�:
q 2
P(FGT) = (1/n) S [(z-y )/z]
i=1 i
donde: n = poblaci줻 total
q = total de pobres
z = l죒ea de pobreza, e
y = ingreso del i-굎imo individuo pobre
i
Este 죒dice cumple con los axiomas de monotonicidad y
transferencia y, adem쟳, satisface la propiedad aditiva (y de
descomposici줻). Sin embargo, su interpretaci줻 -en cuanto al
significado en s� y de sus cambios- no resulta del todo clara.
Los ejemplos anteriores persiguen tan s줹o llamar la atenci줻
respecto a la posibilidad e importancia de complementar el
an쟫isis tradicional sobre la magnitud y evoluci줻 de la pobreza,
mediante la incorporaci줻 de medidas y perfiles que permitan
enriquecer el diagn쥀tico y conocimiento acerca de la situaci줻 de
los sectores pobres. Desde luego, siempre en el marco de las
limitaciones que impone la naturaleza muestral de la informaci줻 y
la confiabilidad de los datos de ingreso que corrientemente se
utilizan en este tipo de estudios.
7. Las fuentes de informaci줻
El mejoramiento de la calidad, cobertura y pertinencia de la
informaci줻 que generan las encuestas de hogares, se reitera -por
muchos motivos- como un tema crucial. Paralelamente, se debiera
avanzar en cada pa죛 hacia la conformaci줻 de un sistema integrado
de encuestas e indicadores sociales.
Finalmente, algunos comentarios de orden general sobre las fuentes
de informaci줻 que se utilizan como base para la elaboraci줻 de
los estudios de pobreza por el m굏odo de LP, espec죉icamente las
encuestas de hogares.
Para nuestros fines es pertinente distinguir al menos tres clases
de encuestas de hogares que se llevan a cabo regularmente en
Am굍ica Latina, y cuya informaci줻 permite el c쟫culo de
indicadores sociales y de pobreza.
En primer lugar est쟮 las encuestas de hogares de prop쥀itos
m즠tiples, incorporadas en un programa permanente o de ejecuci줻
peri줰ica. Por este tipo de encuestas se entiende aquellas que se
realizan a lo menos una vez al a쨚, cuyo m줰ulo central se orienta
generalmente a la medici줻 del empleo y que, al mismo tiempo,
registran informaci줻 sobre un conjunto m쟳 amplio de
caracter죛ticas de las personas (demogr쟣icas, de migraci줻,
educaci줻 e ingresos) y de sus viviendas. Asimismo, la mayor죂 de
ellas incluye en algunas de sus rondas m줰ulos especiales,
adosados al cuestionario principal de la encuesta, los que de
hecho han pasado a constituir un interesante expediente -de bajo
costo- que se adapta bien a las necesidades de investigaci줻 y de
profundizaci줻 de ciertos temas (trabajo femenino, educaci줻 y
capacitaci줻, acceso a servicios de salud, etc.).
Un segundo tipo de encuestas, que se realizan de manera menos
frecuente y con periodicidad variable, son las encuestas de
ingresos y gastos o de presupuestos familiares. Tambi굈 se trata
de investigaciones muestrales que aportan antecedentes muy 즨iles
para el examen de la situaci줻 social. Normalmente contienen,
adem쟳 de ciertos atributos generales de las personas y de las
viviendas, un registro detallado del ingreso y del gasto de las
familias, a partir de lo cual se definen las canastas b쟳icas de
alimentos cuyo valor se utiliza en la estimaci줻 de las l죒eas de
pobreza. A su vez, efect즑n un control (estad죛tico) de la
estacionalidad del ingreso y de los gastos, en la medida que se
entrevista a distintos hogares habitualmente a lo largo de todo un
a쨚. Esto redunda en una calidad relativamente buena de la
informaci줻, a lo que tambi굈 contribuyen los instrumentos y
procedimientos de captaci줻, los m굏odos de evaluaci줻 (balance
ingreso/gasto y chequeos en lugares de compra) y la selecci줻 del
entrevistado (en muchos casos, informante directo). Adem쟳, estas
encuestas suelen integrarse en el marco conceptual de las cuentas
nacionales, especialmente en lo que respecta a la estructura de
consumo de los hogares, y su tem쟴ica hace posible -en alg즢
grado- el estudio del comportamiento de los gastos de consumo
frente al impacto de determinadas pol죜icas econ줺icas de
coyuntura. Contra el buen logro de este objetivo conspira, sin
embargo, el car쟠ter sumamente espor쟡ico de estas investigaciones
(debido, entre otros, a su alto costo), su cobertura geogr쟣ica
generalmente subnacional, su alta complejidad y el que, por lo
mismo, sea dif죅il contar con muestras tipo 췴anel�. Asimismo, su
gran extensi줻 dificulta la posibilidad de profundizar en temas
como la educaci줻 y la vivienda, o bien incorporar otros, como el
acceso a los servicios de salud o la recepci줻 de transferencias
no monetarias del Estado.
Por 즠timo, cabe mencionar las encuestas preparadas especialmente
para hacer un seguimiento y evaluaci줻 de las condiciones sociales
y de las situaciones de pobreza en la regi줻. Estos relevamientos,
que se efect즑n cada 2 � 3 a쨚s, est쟮 orientados a investigar con
mayor extensi줻 o profundidad determinados aspectos, como ser el
impacto que tienen en diferentes sectores de la poblaci줻 las
pol죜icas y programas sociales. Un prototipo de 굎tos, que viene
teniendo bastante difusi줻 e influencia en Am굍ica Latina, es la
encuesta de caracterizaci줻 socioecon줺ica nacional (CASEN) de
Chile. Normalmente se investiga con bastante detalle no s줹o los
recursos (ingresos) globales del hogar sino tambi굈 el acceso
efectivo a determinados programas asistenciales (alimentaci줻
escolar, subsidios alimentarios o de vivienda, etc.) y a los
servicios p즒licos (salud, educaci줻, infraestructura, etc.). Ello
permite medir el impacto y evaluar el grado de focalizaci줻 de
esos programas, conjuntamente con el an쟫isis de importantes
caracter죛ticas de los grupos beneficiarios, a base de informaci줻
del hogar recogida por la encuesta y no as� por los registros
administrativos propios de cada programa.
Cabe hacer notar que un n즡ero importante de pa죛es de la regi줻
cuentan con programas que comprenden dos e incluso los tres tipos
de encuestas mencionadas, sujetas l줳icamente a periodicidades
distintas cada una de ellas. Sin embargo, en los 즠timos tiempos y
como fruto de una creciente demanda de informaci줻 del 쟲ea
social, se han evidenciado con mayor fuerza ciertos vac죓s con
relaci줻 especialmente a la cobertura tem쟴ica y a la periodicidad
de las encuestas, como tambi굈 respecto a la concordancia de los
datos generados por diferentes fuentes, y a la aptitud de los
mismos para responder a las necesidades impuestas por las
pol죜icas y proyectos sociales. Esto ha llevado en algunos casos a
la proliferaci줻 de encuestas, o bien a ampliar el contenido de
los cuestionarios m쟳 all� de lo que razonablemente permite la
definici줻 de cada procedimiento y las caracter죛ticas y
limitaciones de los instrumentos utilizados. Un ejemplo de ello es
el intento de abordar la investigaci줻 de los temas propios de las
encuestas de ingresos y gastos mediante los procedimientos m쟳
쟥iles y baratos, pero menos eficaces, de las encuestas de
prop쥀itos m즠tiples.
En este sentido, junto con persistir en el esfuerzo de propender
al mejoramiento de la calidad de los datos que se producen con las
diferentes investigaciones, nos parece que se debiera tender a
aclarar mayormente las potencialidades de cada tipo de encuesta
fomentando una cierta especializaci줻, pero en un marco de
coherencia y complementariedad entre ellas (sistema integrado).
Esto debiera implicar que en aquellos pa죛es en los cuales no
existe una o m쟳 de estas encuestas, que son la mayor죂 en la
regi줻, debiera avanzarse en completar el sistema. La diversidad
de situaciones que presentan los pa죛es determinar� que en algunos
casos el 굈fasis sea puesto en lograr la continuidad y elevar la
calidad de la encuesta de prop쥀itos m즠tiples, ampliando su
cobertura geogr쟣ica y fortaleciendo el soporte institucional. En
otros, en tanto, cobrar� relevancia la realizaci줻 de una nueva
encuesta de ingresos y gastos, o bien el dise쨚 y puesta en
pr쟠tica de una investigaci줻 sobre las condiciones de vida de la
poblaci줻. En los m쟳 avanzados, por su parte, lo central
estar� en mejorar la coherencia e integraci줻 de todos estos
instrumentos.
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