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旼컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴커
� 4.2. DINAMICA DEMOGRAFICA Y POBREZA EN EL PERU1 �
읕컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴켸
Juli쟮 Antezana Alvarado
Instituto Nacional de Estad죛tica e Inform쟴ica (INEI)
Lima, Per�
1. Aspectos generales
En el Programa de Acci줻 aprobado por la Conferencia Internacional
sobre Poblaci줻 y Desarrollo (CIPD) en El Cairo, l994, se reconoce que
si bien los logros que registran las estad죛ticas de indicadores como
la esperanza de vida y el producto nacional han sido muy alentadores,
lamentablemente no reflejan de manera plena lo complejo de la realidad
de la vida actual de millones de mujeres, hombres, adolescentes y ni쨚s.
Es as� como, a pesar de costosos esfuerzos realizados durante lar-
gos decenios para buscar y lograr el desarrollo, lo cierto es que han
aumentado las diferencias entre los pa죛es ricos y los pa죛es pobres,
as� como las desigualdades al interior de ellos. Aproximadamente 1 000
millones de personas viven en la pobreza en todo el mundo, y se teme
que esa cifra siga aumentando.
En el Per�, en base a los resultados del Censo nacional de pobla-
ci줻 y vivienda de l993, se estima que la pobreza alcanza aproximada-
mente a 12 374 322 personas (el 56.8% de la poblaci줻 total del pa죛),
de las cuales 6 178 352 (el 28.3%) viven en situaci줻 de miseria. Estas
magnitudes, que se observan en el cuadro 1, permiten tambi굈 afirmar
que el 쟲ea rural del pa죛 es pr쟠ticamente pobre en su totalidad, pues
s줹o el 9.9% de la poblaci줻 rural satisface adecuadamente sus necesi-
dades b쟳icas, mientras que m쟳 del 90 % de los pobladores del campo
viven en condiciones de pobreza (INEI/FNUAP, 1994).
En cifras absolutas, hay una cantidad mayor de personas afectadas
por la pobreza en las 쟲eas urbanas (6 465 428) que en las rurales
(5 908 894); en cambio, las personas que se encuentran en situaci줻 de
pobreza extrema o miseria son m쟳 en el campo (3 730 373) que en las
ciudades (2 447 979).
Una primera observaci줻 importante es que la brecha de la pobreza
es mucho mayor en el 쟲ea rural que en la urbana. En la zona rural del
pa죛, la poblaci줻 con necesidades b쟳icas insatisfechas es nueve veces
m쟳 que aquella con sus necesidades b쟳icas satisfechas. Asimismo, tal
como se anot�, la poblaci줻 de 쟲eas rurales en condici줻 de miseria es
m쟳 de 1.5 veces la de su contraparte urbana.
En la actualidad se sabe que la pobreza se asocia con desempleo,
analfabetismo, desnutrici줻, baja condici줻 social de la mujer, dete-
rioro ambiental, y con dificultades en el acceso a servicios sociales y
sanitarios, incluyendo servicios de salud reproductiva. Estos factores
que suelen acompa쨅r a la pobreza son tambi굈 los que m쟳 directamente
inciden sobre las tendencias negativas de la din쟭ica demogr쟣ica, pues
contribuyen a frenar el descenso en los niveles de mortalidad, morbili-
dad y fecundidad.
Asimismo, tal como se menciona en el programa de acci줻 de El Cai-
ro, la pobreza tambi굈 est� estrechamente relacionada con la inadecuada
distribuci줻 espacial de la poblaci줻, las modalidades insostenibles de
urbanizaci줻, y la inequidad en la distribuci줻 de recursos naturales
b쟳icos como la tierra y el agua.
Por otro lado, es tambi굈 un criterio de consenso que el logro del
desarrollo sostenible y la eliminaci줻 de la pobreza deben respaldarse
con pol죜icas macroecon줺icas que propicien un buen sistema de gobier-
no, pol죜icas nacionales eficientes e instituciones nacionales efica-
ces. Igualmente, puesto que para el desarrollo sostenible los esfuerzos
por reducir la pobreza y el crecimiento demogr쟣ico son mutuamente
complementarios, se espera que un crecimiento m쟳 lento de la poblaci줻
aumente la capacidad de los pa죛es para atacar la pobreza, proteger y
mantener el medio ambiente, y construir la base para el desarrollo sos-
enible futuro.
Al igual que en varios pa죛es de Am굍ica Latina, en el Per� la
transici줻 demogr쟣ica ha sido m쟳 intensa de lo pronosticado, aunque
los niveles de fecundidad y mortalidad no s줹o est쟮 muy lejos de los
죒dices de los pa죛es desarrollados sino, incluso, de los pa죛es de
Am굍ica Latina de transici줻 avanzada.
2. Fecundidad y pobreza
De acuerdo a las cifras que muestra el cuadro 2, la tasa global de
fecundidad (TGF) para el total del pa죛 ha tenido una evoluci줻 favora-
ble, entre l981 y l993, pasando de 5.1 hijos por mujer a 3.4 al final
del per죓do, aunque presenta niveles bastante diferenciados seg즢 el
grado de afectaci줻 de la pobreza.
Se observa que en l993 para los no pobres es de 2.2, para los po-
bres o con necesidades b쟳icas insatisfechas (NBI) es de 4.6, y para
las madres en condici줻 de miseria de 5.5 hijos por mujer. Estos valo-
res son significativamente inferiores a los registrados en l981, a쨚 en
que alcanzaron a 3.8, 7.4 y 11.1 hijos por mujer, respectivamente
(PNUD/INP, 1990).
Al margen de los posibles errores que puedan haberse cometido en
la estimaci줻 de los niveles de fecundidad para cada uno de estos gru-
pos, particularmente en los que corresponden al a쨚 censal de 1981, lo
cierto es que en el per죓do intercensal los niveles de fecundidad mues-
tran una clara tendencia descendente.
Este comportamiento de la fecundidad, que se presenta en relaci줻
directa con la pobreza, se manifiesta tanto en las 쟲eas urbanas como
rurales del pa죛. En l981 las mujeres con necesidades b쟳icas satisfe-
chas (NBS) urbanas y rurales se encontraban con niveles de fecundidad
por debajo del promedio nacional; en cambio en l993 s줹o las mujeres
con NBS urbanas mantienen esta tendencia. En este 즠timo a쨚, la fecun-
didad de las mujeres pobres urbanas es igual a la de las no pobres
rurales (3.8 hijos por mujer), siendo las mujeres pobres y en miseria
rurales las que a즢 mantienen elevados niveles de fecundidad (5.6 y 6.2
hijos por mujer, respectivamente), a pesar del importante descenso res-
pecto a los valores registrados en l981 (7.9 y 10.5 hijos por mujer,
respectivamente). En el per죓do, el descenso m쟳 notable se produjo en
las mujeres en miseria de 쟲eas urbanas, que pasaron de una TGF de
12.4, en l981, a 4.7 hijos por mujer, en l993.
Tal como se menciona en el documento 췗oblaci줻, equidad y trans-
formaci줻 productiva� (CEPAL/CELADE, l993), la intensidad de la transi-
ci줻 demogr쟣ica no aparece s줹o vinculada al crecimiento econ줺ico
sino que en Am굍ica Latina continu� en los a쨚s 80, que fueron los de
mayor crisis con el consiguiente incremento de la pobreza. El deterioro
en los niveles de vida y las dificultades en el acceso a bienes y ser-
vicios se hicieron presentes tambi굈, al mismo tiempo que los descensos
en la fecundidad y el incremento en la cobertura de la educaci줻.
Al parecer, esta mayor cobertura educacional aun a costa de la
calidad, junto con la creciente difusi줻 de los medios de comunicaci줻
social, favoreci� el 췼niformar las aspiraciones y acercar el imagina-
rio colectivo de la regi줻 al prevaleciente en los pa죛es desarrolla-
dos� (CEPAL/CELADE, l993). As�, la poblaci줻 percibe que sus aspiracio-
nes de consumo y calidad de vida son cada vez m쟳 dif죅iles de alcanzar
con familias numerosas, lo cual conduce a las parejas al deseo de tener
menos hijos.
En la perspectiva del desarrollo sostenible se debe tener presente
el privilegio que se da a la calidad del recurso humano, la cual no s�-
lo es necesaria para el incremento de la productividad que requieren
los esfuerzos de competitividad, sino tambi굈 para reducir la pobreza.
La experiencia ense쨅 que para aumentar la calidad del recurso humano
no es suficiente el crecimiento econ줺ico sino que 굎te debe acompa쨅r-
se con pol죜icas sociales.
Los pa죛es como el Per�, de crecimiento demogr쟣ico y niveles de
pobreza altos, tendr쟮 mayores dificultades para elevar la calidad de
sus recursos humanos debido a la mayor exigencia de medios que requiere
salir de la situaci줻 de pobreza.
Por otro lado, a un nivel microsocial, existen evidencias de las
ventajas de una familia peque쨅, particularmente en los sectores po-
bres, donde hay una relaci줻 inversa con el nivel de instrucci줻 que
alcanzan los ni쨚s. Aqu�, los servicios de salud reproductiva y plani-
ficaci줻 familiar resultan muy importantes por sus efectos positivos
sobre la salud de la madre y del hijo, y para un desarrollo adecuado de
los hijos en cuanto recursos humanos.
Asimismo, la reducci줻 de las tasas de fecundidad significa dismi-
nuir la presi줻 sobre la generaci줻 de empleo productivo y la demanda
de servicios sociales en las pr쥅imas d괹adas. Estos cambios demogr쟣i-
cos favorecer죂n la liberaci줻 de recursos para la atenci줻 de los sec-
tores pobres.
Las cifras observadas muestran, as�, que el descenso de la fecun-
didad no ha sido homog굈eo en el Per�, siendo los sectores pobres lo
que presentan todav죂 una fecundidad alta. Esto significa que hay un a-
traso importante en materia de equidad demogr쟣ica en el pa죛. Por tan-
to, de no satisfacerse el deseo creciente de las parejas de no tener
m쟳 hijos de los que actualmente tienen, se intensificar죂 la heteroge-
neidad social existente, dificult쟮dose los esfuerzos por cortar el
proceso de transmisi줻 intergeneracional de la pobreza.
Esta inequidad en el descenso de la fecundidad se puede comprobar
al constatar que si bien entre 1981 y 1993 el tama쨚 promedio de los
hogares en el Per� ha descendido, se observa todav죂 un mayor tama쨚 de
los hogares en la medida que el nivel de pobreza es m쟳 alto. En 1993,
mientras los hogares con NBS cuentan en promedio con 4.3 personas, los
hogares en pobreza o con NBI lo hacen con 4.8 personas, en tanto que
los hogares en miseria tienen 5.6 personas en promedio. Esta estructura
se manifiesta -aunque con niveles menores por el descenso ya mencionado
de las tasas de fecundidad a nivel nacional- igual a lo observado con
datos del censo de 1981, donde el tama쨚 promedio del hogar para estos
mismos grupos fue de 4.5, 5.4 y 5.9 personas, respectivamente.
Asimismo, adem쟳 de las dificultades que tienen los pobres para
insertarse adecuadamente en el mercado laboral, las posibilidades de
salir de esta situaci줻 y aumentar sostenidamente su capacidad para
satisfacer sus necesidades b쟳icas se ven limitadas, y en algunos casos
reducidas, cuando se consideran las tasas de dependencia por persona
ocupada. En este sentido, la dependencia econ줺ica de los hogares tam-
bi굈 aumenta con la pobreza -seg즢 lo observado al a쨚 censal de 1993-
de 1.9 personas por persona ocupada en la poblaci줻 con NBS, a 2.7 en
el grupo de pobreza o con NBI, y a 3.1 cuando se trata de la poblaci줻
en el rango de miseria. Estos mismos grupos mostraron tasas en 1981 que
ascendieron a 3.6 personas por persona ocupada para la poblaci줻 con
NBS, 5.1 para el grupo con NBI, y 5.9 para los hogares en miseria (An-
tezana, 1993).
Como ocurre en varios pa죛es de la regi줻, entonces, el descenso
de la fecundidad no se presenta igualmente intenso en todos los grupos
sociales. Las mujeres de los estratos pobres y en miseria a즢 tienen un
mayor promedio de hijos, sobre todo las que residen en 쟲eas rurales
propias de grupos campesinos y minor죂s 굏nicas, a los cuales no llegan
los frutos del progreso. La accesibilidad a los servicios de planifica-
ci줻 familiar para estas mujeres es casi un imposible a pesar del rei-
terado deseo de tener una fecundidad mucho menor de la que tienen. La
inequidad social tambi굈 se da en el acceso a estos servicios.
3. Mortalidad y pobreza
Tambi굈 constituye un rezago importante -y sobre todo preocupante-
en materia de equidad, la elevada mortalidad y las grandes diferencias
que a즢 existen en los niveles de mortalidad.
Son los mismos grupos sociales con patrones reproductivos de alta
fecundidad los que se ven expuestos a una menor probabilidad de super-
vivencia, lo cual es evidentemente un fen줺eno que forma parte de la
pobreza.
Al igual que con la fecundidad, los niveles estimados de mortali
dad infantil en el Per� muestran diferencias significativas. Para el
total del pa죛, la tasa de mortalidad infantil descendi� de 92.1 defun-
ciones de menores de un a쨚 por cada 1 000 nacidos vivos en l981, a
58.3 por mil en el a쨚 l993. Este 즠timo valor, si bien es el nivel
hist줿ico m쟳 bajo, resulta relativamente alto para la regi줻 de Am굍i-
ca Latina y refleja, adem쟳 de la influencia de elementos estrictamente
biol줳icos, las condiciones de vida de la poblaci줻, principalmente en
lo que ata쨎 a la alimentaci줻 y nutrici줻, agua potable y saneamiento
b쟳ico, educaci줻, vivienda, asistencia m괺ica, y otros bienes y servi-
cios que se obtienen con adecuados empleos e ingresos. Adem쟳, diversos
estudios han demostrado la importancia de otros factores, como son las
normas, valores y costumbres de la sociedad respecto a los h쟟itos hi-
gi굈icos y a la preparaci줻 de alimentos, as� como la capacidad de los
miembros del hogar para adaptarse al medio exterior.
La evidencia de las desigualdades entre los grupos no pobres y po-
bres y el diferencial urbano/rural de la mortalidad infantil en el
Per�, se pueden observar en el cuadro 3, donde las tasas obtenidas en
l993 para los grupos con NBS, NBI y en condici줻 de miseria ascienden a
36.7, 66.5 y 68.9 por mil, respectivamente. Estos valores actuales son
bastante inferiores a los estimados con los datos censales de l981, que
alcanzaron a 73.9, 101.6 y 107.4 por mil, respectivamente (PNUD/INP,
1990).
Esta relaci줻 directa que se observa entre mortalidad infantil y
pobreza se presenta tambi굈 claramente en el 쟭bito urbano del pa죛. En
l993, mientras la poblaci줻 con NBS lleg� a una tasa de mortalidad in-
fantil de 28 por mil, los grupos con NBI y en miseria alcanzaron a 46.9
y 50.9 por mil, respectivamente.
Los niveles de mortalidad infantil obtenidos en l993, aunque a즢
son altos en el contexto de Am굍ica Latina, son menores a los registra-
dos en base a la informaci줻 del censo de l981. En este a쨚, en las
쟲eas urbanas la tasa fue de 67.2 por mil para los grupos de NBS, de
82.7 para los de NBI y de 91.8 para la poblaci줻 en miseria. En el 쟭-
bito rural, estos valores fueron de 108.7, 116.6 y 113.3 por mil, res-
pectivamente.
Son justamente estos grupos en situaci줻 de pobreza los que pre-
sentan m쟳 altos niveles de mortalidad infantil, y los que mantienen
mayores carencias en educaci줻, saneamiento b쟳ico y en adecuada incor-
poraci줻 al mercado laboral. As� se tiene que, al igual que en 1981,
hacia 1993 la tasa de analfabetismo de la poblaci줻 nacional es cuatro
veces menor en las personas con NBS que la correspondiente a aquellas
con NBI, e inferior en cinco veces a la estimada para la poblaci줻 en
miseria (5.2%, 20.5% y 25%, respectivamente). Asimismo, en t굍minos
lobales, el promedio nacional urbano es significativamente menor que
el rural (las tasas de analfabetismo aqu� son de 6.8% y 30 %, respecti-
vamente).
Por otro lado, las condiciones de vivienda y saneamiento b쟳ico,
que est쟮 fuertemente vinculadas a la mortalidad infantil, se constitu-
yen en las m쟳 frecuentes de las necesidades b쟳icas insatisfechas a
nivel nacional. De acuerdo a cifras provenientes del censo de 1993, el
22% de la poblaci줻 rural vive en viviendas de material inadecuado, en
tanto que el 10.3% de los pobladores urbanos lo hacen en este tipo de
vivienda; el hacinamiento cr죜ico (m쟳 de 3 personas por cuarto) afecta
al 40.4% de la poblaci줻 rural del pa죛 y al 18.4 % de la contraparte
urbana, mientras que la falta de servicios de desag갻 de cualquier tipo
caracteriza al 75.3% de la poblaci줻 rural y al 19.8 % de la correspon-
diente al 쟭bito urbano.
Las desigualdades entre los grupos no pobres y pobres en materia
de mortalidad infantil pueden ser explicadas, adem쟳, por el nivel de
participaci줻 de las personas en las actividades productivas del pa죛.
Seg즢 la informaci줻 del censo de 1993, la tasa global de participaci줻
de la poblaci줻 no pobre o con NBS es de 42.2%, pero desciende a 35.8 %
en la poblaci줻 con NBI, y a 32.7% si se trata de las personas en si-
tuaci줻 de miseria.
Si bien esta misma estructura de la participaci줻 en las activida-
des econ줺icas se repite en las 쟲eas urbana y rural, donde se presen-
tan desigualdades mayores es al comparar la participaci줻 de los
hombres y mujeres en el mercado laboral. En t굍minos generales, no s줹o
la participaci줻 femenina es mucho menor sino que, a medida que la po-
breza aumenta, la participaci줻 de la mujer en el mercado laboral es
a즢 menor, llegando a ser casi la tercera parte de la participaci줻
masculina (de 53.7% para los hombres y 18.1% para las mujeres, en el
caso de los grupos con NBI, y de 50.4% en los hombres y 15.1% en las
mujeres, en los grupos en situaci줻 de miseria).
No obstante que las cifras censales muchas veces no registran ade-
cuadamente la participaci줻 decisiva de las mujeres en la actividad
agropecuaria y que a nivel urbano la organizaci줻 social y familiar
condiciona y retiene a la mujer en el hogar, es posible afirmar que su
participaci줻 en la actividad laboral es mayor que la observada a co-
mienzo de la d괹ada anterior. En efecto, en 1993 la tasa global de par-
ticipaci줻 femenina para el grupo con NBS es de 29.6%, con NBI de
18.1%, y en miseria 15.1%, niveles superiores a los registrados en 1981
que ascienden a 22.8%, 13.6% y 11.7%, respectivamente.
A pesar de que en el per죓do intercensal la mortalidad infantil ha
disminuido notablemente, resulta clara la relaci줻 directa que habr죂
entre mortalidad infantil y pobreza, y la influencia que pueden tener
algunos elementos condicionantes como la educaci줻, servicios b쟳icos y
de salud, que se logran con empleos e ingresos adecuados.
4. Din쟭ica demogr쟣ica y pobreza
En la CIPD de El Cairo l994, fue un criterio de consenso que la
evoluci줻 de la pobreza no est� determinada exclusivamente por factores
demogr쟣icos diferenciales, sino tambi굈 de manera importante por otros
factores socioecon줺icos, como consecuencia de los efectos derivados de
la crisis.
Tambi굈 conviene tener presente lo que se anota en el documento de
CEPAL/CELADE, l993, respecto a que la din쟭ica demogr쟣ica tiene un pa-
pel significativo en la reproducci줻 de la pobreza desde dos puntos de
vista: 췦n forma directa por la alta tasa de fecundidad y crecimiento
de la poblaci줻 pobre, e indirectamente, porque estos hechos favorecen
la permanencia de los hijos en condiciones de vida similares a las de
sus padres, por la transmisi줻 intergeneracional de la pobreza�.
En este sentido, tambi굈 conviene recordar que el mayor crecimien-
to demogr쟣ico de la poblaci줻 pobre aumenta la incidencia de la pobre-
za y la miseria entre los ni쨚s y los j쥃enes, pues estos grupos
tienen una alta relaci줻 de dependencia, como ya se anot�.
Finalmente, tal como recomienda el documento de CEPAL/CELADE
(l993), en pa죛es como el Per� que se encuentran en plena transici줻
demogr쟣ica, las pol죜icas prioritarias deben enfatizar la inversi줻 en
recursos humanos mediante el mejoramiento de la calidad de los servi-
cios sociales, de salud preventiva y curativa; la adecuaci줻 de la
educaci줻 y la capacitaci줻 a las exigencias de la competitividad, y el
incremento del ahorro interno.
旼컴컴컴컴컴컴컴커
� Bibliograf죂 �
읕컴컴컴컴컴컴컴켸
� Antezana, J.(1995),
Dimensiones y caracter죛ticas de la pobreza en el Per�. 1993,
Instituto Nacional de Estad죛tica e Inform쟴ica/
Fondo de Poblaci줻 de Naciones Unidas (INEI/FNUAP), Lima.
� Comisi줻 Econ줺ica para Am굍ica Latina y el Caribe/
Centro Latinoamericano de Demograf죂 (CEPAL/CELADE)(1993),
Poblaci줻, equidad y transformaci줻 productiva, Santiago de Chile.
� Instituto Nacional de Estad죛tica e Inform쟴ica/
Fondo de Poblaci줻 de Naciones Unidas (INEI/FNUAP)(1994),
Per�: Mapa de necesidades b쟳icas insatisfechas de los hogares a
nivel distrital, Lima.
� Naciones Unidas (1994),
Programa de acci줻 de la Conferencia Internacional sobre Poblaci줻
y Desarrollo,
El Cairo.
� Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo/
Instituto Nacional de Planificaci줻 (PNUD/INP)(1990),
La pobreza en el Per�. Diagn쥀tico y propuestas de pol죜icas.
Proyecto regional para la superaci줻 de la pobreza,
Grupo Nacional del Per�.
Cuadro 1
PERU: POBLACION CON NECESIDADES BASICAS SATISFECHAS,
INSATISFECHAS Y EN MISERIA, SEGUN AREAS URBANAS Y RURAL, 1993
旼컴컴컴컴컴컴컴컴쩡컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴커
� � Poblaci줻 �
� 쳐컴컴컴컴컫컴컴컴컴컴컴컴컴컴쩡컴컴컴컴컴컴컴컴컴쩡컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴캑
� Total y 쟲ea � Total � Con NBS � Con NBI � En miseria �
� de residencia � 쳐컴컴컴컴컫컴컴컴컵컴컴컴컴컴쩡컴컴컴컵컴컴컴컴컴컴컫컴컴컴컴�
� � � N즡ero � Por � N즡ero � Por � N즡ero � Por �
� � � � cien � � cien � � cien �
읕컴컴컴컴컴컴컴컴좔컴컴컴컴컨컴컴컴컴컴좔컴컴컴좔컴컴컴컴컨컴컴컴컴좔컴컴컴컴컴컴좔컴컴컴켸
Total pa죛 21 801 654 9 427 332 43,2 12 374 322 56,8 6 178 352 28,3
Urbana 15 242 089 8 776 661 57,6 6 465 428 42,4 2 447 979 16,1
Rural 6 559 565 650 671 9,9 5 908 894 90,1 3 730 373 56,9
컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴
Fuente: INEI, Mapa de necesidades b쟳icas insatisfechas de los hogares a nivel distrital,1993.
Elaboraci줻 propia.
Cuadro 2
PERU: TASA GLOBAL DE FECUNDIDAD DE LA POBLACION
CON NECESIDADES BASICAS SATISFECHAS,
INSATISFECHAS Y EN MISERIA, SEGUN AREAS, 1981-1993
旼컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컫컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴�
� Total pa죛 � Total global de fecundidad �
� y 쟲ea de 쳐컴컴컴컴컴컴컴컴컴쩡컴컴컴컴컴컴컴컴캑
� residencia � 1981 � 1993 �
읕컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컨컴컴컴컴컴컴컴컴컴컨컴컴컴컴컴컴컴컴컴�
Total pa죛 5,1 3,4
Con NBS 3,8 2,2
Con NBI 7,4 4,6
En miseria 11,1 5,5
Urbana 4,2 2,8
Con NBS 3,0 2,2
Con NBI 6,9 3,8
En miseria 12,4 4,7
Rural 7,2 5,4
Con NBS 4,6 3,8
Con NBI 7,9 5,6
En miseria 10,5 6,2
컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴�
Fuente: Antesana, J , (1993), Dimensiones y caracter죛ticas de la pobreza en el Per�, Lima.
Cuadro 3
PERU: TASA DE MORTALIDAD INFANTIL DE LA POBLACION
CON NECESIDADES BASICAS SATISFECHAS,
INSATISFECHAS Y EN MISERIA,
SEGUN AREAS, 1981-1993
旼컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴쩡컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴�
� Total pa죛 � Tasa de mortalidad infantil �
� y 쟲ea de 쳐컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴쩡컴컴컴컴컴컴컴컴컴�
� residencia � 1981 � 1993 �
읕컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴좔컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴좔컴컴컴컴컴컴컴컴컴�
Total pa죛 92,1 58,3
Con NBS 73,9 36,7
Con NBI 101,6 66,5
En miseria 107,4 68,9
Urbana 74,7 39,9
Con NBS 67,2 28,0
Con NBI 82,7 46,9
En miseria 91,8 50,9
Rural 115,6 82,7
Con NBS 108,7 79,0
Con NBI 116,6 83,0
En miseria 113,3 79,7
컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴컴�
Fuente: Antesana, J , (1993), Dimensiones y caracter죛ticas de la pobreza en el Per�, Lima.
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